Un descubrimiento paleontológico notable en la costa de Dorset
Una simple caminata por la playa puede convertirse en un momento decisivo para la ciencia. En una de las áreas más frecuentadas por los aficionados a los fósiles en el sur de Inglaterra, un joven estudiante universitario tropezó —literalmente— con un pequeño hueso que cambiaría nuestra comprensión sobre los mamíferos durante la era de los dinosaurios. Este hallazgo, realizado en Durlston Bay por Benjamin Weston, un estudiante de paleontología de 22 años, consistió en la diminuta mandíbula de un mamífero que vivió hace 145 millones de años.
El descubrimiento ha sido documentado en un artículo científico en la revista Proceedings of the Geologists’ Association. Lo notable de esta pieza es que no solo se identifica como una nueva especie dentro del grupo extinto de los multituberculados, sino que también representa la primera mandíbula de este tipo encontrada en Swanage desde la época victoriana. Este evento marca el tercer hallazgo de un mamífero nuevo realizado por estudiantes de la Universidad de Portsmouth en menos de diez años, lo que ha generado un entusiasmo renovado en el ámbito académico.
La mandíbula fósil mide apenas 16.5 mm de longitud, algo mayor que la de un ratón, y presenta una serie de dientes con una morfología única: un incisivo alargado, un espacio sin dientes y cuatro premolares afilados, que aunque recuerdan a los de un roedor contemporáneo, pertenecen claramente a los multituberculados, un antiguo grupo de mamíferos que coexistió con los dinosaurios. La nueva especie ha sido nombrada Novaculadon mirabilis, cuyo nombre refleja la forma cortante de sus premolares y la sorprendente conservación del fósil.
El hallazgo es significativo por su rareza geográfica y temporal, dado que encontrar restos bien conservados de multituberculados en Europa occidental no es común. En más de un siglo, este es el primer registro de tal fósil en esta región de Inglaterra.
Para superar la dificultad de estudiar el fósil en su estado original, que estaba parcialmente cubierto por roca, el equipo empleó tomografía computarizada de alta resolución. Esta tecnología permitió observar los detalles sin dañar el fósil. Jake Keane, un exalumno, aplicó lo que se denominó “cirugía dental digital”, eliminando virtualmente los restos de roca y aislando los dientes individualmente para su estudio. Posteriormente, se imprimieron réplicas en 3D de los dientes, lo que facilitó un examen más cuidadoso.
Gracias a esta combinación de innovación tecnológica y trabajo colaborativo entre antiguos y actuales estudiantes, el fósil fue estudiado con precisión. Esto permitió confirmar que se trataba de una especie nueva y previamente no descrita.
Novaculadon mirabilis vivió durante el Berriasiense, hace 145 millones de años, en una época dominada por dinosaurios. A pesar de su tamaño, estaba bien adaptado a su entorno y se cree que era omnívoro, alimentándose de pequeños invertebrados como gusanos e insectos. Sus incisivos afilados y premolares en forma de cuchilla sugieren que su estrategia alimentaria difería de la de los roedores modernos.
Los multituberculados, a los que pertenece Novaculadon mirabilis, fueron el orden más diverso de mamíferos mesozoicos, con más de 200 especies documentadas. A lo largo de 130 millones de años de evolución, estos mamíferos se adaptaron a diversos hábitats, permitiéndoles sobrevivir a la extinción masiva del Cretácico que acabó con muchos dinosaurios no avianos.
La aparición de Novaculadon mirabilis añade una pieza importante a este complejo rompecabezas evolutivo, subrayando que los primeros mamíferos desempeñaban un rol crucial en los ecosistemas del Mesozoico, y no eran meras criaturas marginales.
Este descubrimiento resalta no solo la riqueza de la paleontología europea, sino también el valor del trabajo de campo universitario. La Universidad de Portsmouth, situada cerca de la isla de Wight, fomenta un aprendizaje práctico que permite a los estudiantes descubrir nuevos fósiles y avanzar en el conocimiento científico. La historia de Benjamin Weston es un recordatorio de que la curiosidad y la observación atenta pueden llevar a hallazgos significativos en la ciencia.
El hallazgo de Novaculadon mirabilis plantea nuevas preguntas sobre la diversidad de los mamíferos del Jurásico tardío y el Cretácico temprano en Europa, invitándonos a explorar más a fondo los ecosistemas de aquel entonces.
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