En la dinámica actual de la Ciudad de México, al momento de buscar un hogar, renting se ha convertido en la opción más viable para las generaciones millennials y centennials. La escasez de liquidez para la compra de vivienda ha hecho que optar por un departamento en alquiler se presente como una solución necesaria. Sin embargo, dicho camino no está exento de complicaciones, ya que el creciente aumento en los precios de alquiler se convierte en un desafío financiero continuo.
De acuerdo con especialistas en el sector inmobiliario, se recomienda que el gasto en vivienda, ya sea mediante rentas o hipotecas, se mantenga por debajo del 30% del ingreso mensual de los individuos. Sin embargo, los datos actuales presentan una realidad impactante: el costo promedio de alquilar un departamento en la capital ha saltado de 12,085 pesos en 2020 a 17,610 pesos en 2025. Para ponerlo en perspectiva, el salario mínimo vigente es de 278.80 pesos diarios, lo que se traduce en aproximadamente 8,400 pesos al mes, menos de la mitad del costo promedio de estos alquileres.
El escenario no es homogéneo, ya que algunas alcaldías experimentan aumentos más marcados que otras. Por ejemplo, Benito Juárez, una de las áreas más valoradas por su localización y servicios, ha visto elevar su costo promedio de renta a 18,881 pesos mensuales. En el caso de la alcaldía Cuauhtémoc, que abarca colonias icónicas como La Roma y La Condesa, el alquiler promedio se sitúa en 26,132 pesos mensuales, lo cual representa un notable incremento del 53% en solo cinco años.
Existen también zonas de la ciudad que se presentan como alternativas más accesibles, como Gustavo A. Madero, donde la renta promedio es de 14,567 pesos mensuales, pero este municipio ha registrado un alarmante aumento del 63% desde 2020.
El fenómeno de la gentrificación ha sido tema central en el debate público reciente, con manifestaciones y la presentación de planes gubernamentales enfocados en abordar esta problemática. A pesar de que el crecimiento de precios muestra signos de desaceleración, el desplazamiento de comunidades emergentes sigue siendo evidente. Zonas tradicionales han visto cómo su valor inmobiliario se incrementa, atrayendo a nuevos residentes en detrimento del acceso a la vivienda para los antiguos.
Barrios como Tabacalera, Lomas de Sotelo y Tacubaya están experimentando un auge frente a áreas más costosas como Polanco o Bosques de las Lomas. Según expertos, este proceso de gentrificación transforma no solo el paisaje urbano, sino que también actúa como un motor de cambio en el mercado inmobiliario. A su vez, la digitalización en el sector sigue beneficiando segmentos de alto costo, lo que limita la disponibilidad y visibilidad de opciones más asequibles.
Así, la realidad habitacional en la Ciudad de México se presenta cada vez más compleja y requiere una reflexión profunda sobre el acceso a vivienda digna y las estrategias para asegurar la viabilidad de soluciones habitacionales en el futuro.
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