▲ Cuadro creado en 1961 que retrata la tapicería del estudio del Palacio de Justicia del Capitolio de Chandigarh, edificado por Le Corbusier.Foto cortesía de la fundación Le Corbusier, París © 2025, FLC/ProLitteris, Zurich
Berna. Imagine una ciudad donde los edificios parecen flotar, donde los interiores son flexibles sin muros de carga, y las fachadas son como pieles, perforadas por amplios ventanales. Esta no es una fantasía futurista, sino la revolución arquitectónica iniciada por Le Corbusier hace un siglo. Su manifiesto Hacia una arquitectura (1923) y sus Cinco puntos de la arquitectura (1927) desafiaron la tradición y abrieron camino al modernismo, influyendo en la arquitectura mundial, y en particular en la mexicana, donde figuras como Juan O’Gorman y Mario Pani encontraron inspiración en su obra.
A pesar de sus contemporáneos como Gropius y Mies van der Rohe, Le Corbusier logró convertir su figura en un mito, destacándose por su enorme capacidad de difusión internacional, publicando más de 30 libros y ofreciendo numerosas conferencias en las que ilustraba en vivo, consolidándose como la cara visible del modernismo.
La reciente muestra Le Corbusier: El orden de las cosas en el Zentrum Paul Klee, celebrando su 20 aniversario, exploró su trayectoria creativa, filosófica y teórica, gracias a la curaduría de Martin Waldmeier en colaboración con la Fundación Le Corbusier de París, creada por el arquitecto para promover su legado.
Sin embargo, la figura de Le Corbusier también está marcada por la controversia, especialmente por su intento fallido de colaborar con el régimen de Vichy entre 1940 y 1944. Esta decisión, motivada por su deseo de continuar trabajando, fue finalmente rechazada por el propio régimen.
Precisión y planificación: la influencia suiza
Charles-Edouard Jeanneret, conocido posteriormente como Le Corbusier, nació en La Chaux-de-Fonds, Suiza, una ciudad reconocida por su industria relojera y planificación geométrica, que probablemente influyó en su enfoque urbanístico. Creció en un ambiente calvinista que combinaba técnica con creatividad, creando edificaciones orientadas a la luz para optimizar el trabajo artesanal.
Su rechazo a las ciudades hacinadas del siglo XIX inspiró la creación de un modelo urbano más eficiente, materializado en su polémico Plan Voisin (1925), donde propuso la demolición de parte del centro histórico de París en favor de una organización racional con rascacielos.
A pesar de no haberse formado oficialmente como arquitecto, estudió en la Escuela de Artes Aplicadas y fue crítico con aquellos que permanecieron dentro de la “estrechez académica”. Sus viajes aportaron a su desarrollo, registrando sus impresiones en diarios gráficos, enfatizando especialmente su admiración por el Partenón en Atenas, un símbolo de armonía y funcionalidad en la arquitectura moderna.
En 1917, se trasladó a París y cofundó con Amédée Ozenfant el movimiento purista y la revista L’Esprit Nouveau, adoptando el seudónimo de Le Corbusier. Su arte, influenciado por objetos industriales y una búsqueda de simplicidad, se hizo evidente en su arquitectura y en diseños icónicos como las sillas LC1, LC2 y LC3 (1929).
Entre sus primeras obras destacan chalets en estilo art nouveau, como la Villa Fallet (1906), sin anticipar la transformación radical que alcanzaría con la Villa Savoye (1929-1931), un ícono del modernismo que hoy funciona como museo y atracción para los aficioandos de la arquitectura.
Le Corbusier dividió su tiempo entre su estudio en la Rue de Sèvres y su taller en la Rue Nungesser-et-Coli, ambos lamentablemente desaparecidos. Durante la Segunda Guerra Mundial, se enfocó en la escritura y la pintura, explorando la relación entre objetos y espacios. En la posguerra, su obra experimentó una transformación notable, alejándose de la geometría pura y el funcionalismo, desafiando así las expectativas del ámbito arquitectónico.
Un transatlántico de pie
En la segunda posguerra, dos proyectos emblemáticos reflejaron esta evolución: la Unité d’Habitation en Marsella (1945-1952) y la Capilla de Ronchamp (1950-1955). La Unité fue un experimento urbano que Le Corbusier había desarrollado desde 1925. Durante una conferencia en Buenos Aires en 1929, comparó un edificio con un barco transatlántico, capaz de albergar a 2,500 personas en un espacio reducido, transformándose en un rascacielos.
Este modelo de vivienda colectiva, concebido como una ciudad verde vertical
, se levantó con una estructura de hormigón sobre pilotes y contaba con 330 viviendas organizadas como cajas. Las habitaciones, inspiradas en celdas monásticas, implementaban su innovador sistema de medida, el Modulo, y brindaban luminosidad, ventilación y orden. Este proyecto se replicó en varias ciudades de Francia y tuvo una influencia duradera en la arquitectura global.
Por su parte, la Capilla de Notre-Dame-du-Haut de Ronchamp marcó un cambio radical en el enfoque de Le Corbusier, alejándose de la rigidez geométrica hacia formas más orgánicas, profundas y rugosas, inspiradas en elementos naturales. Este edificio se convirtió en un pilar en su trayectoria, mereciendo incluso cuatro libros por su relevancia.
Desde sus años de estudiante, su interés por revelar la estructura invisible de la naturaleza y transformarla en arte fue constante. Su colección de objetos de reacción poética
, que abarca más de 2,000 postales y curiosidades, se constituyó como fuente constante de inspiración.
En 1950, en la cúspide de su carrera, Le Corbusier fue invitado por Jawaharlal Nehru a diseñar Chandigarh, la nueva capital de Punjab, India, una ciudad que simbolizaba modernidad y progreso tras la independencia india. Creó un plan maestro y diseñó edificios claves como el Parlamento y los tribunales, integrando arte y arquitectura, con su emblemática Mano Abierta como símbolo de paz y firma personal. No obstante, este proyecto ha sido criticado por el desgaste de los edificios causado por los monzones, a pesar de haber elevado el nivel de vida de sus habitantes.
El legado arquitectónico de Le Corbusier, que armoniza arte, técnica y funcionalidad, continúa impactando la arquitectura contemporánea, a pesar de las controversias en torno a su figura. Falleció en 1965 mientras nadaba en su casa de verano en Roquebrune-Cap-Martin, en la Costa Azul de Francia.
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