En el complejo panorama comercial entre México y Estados Unidos, se ha planteado que México tiene la capacidad de amortiguar más del 50% del arancel promedio impuesto por su vecino del norte, gracias a sus ventajas comparativas y el potencial para mejorar su productividad. Este análisis proviene de la consultoría alemana Roland Berger y destaca que los aranceles estadounidenses se aplican sobre el precio de importación, lo que, en muchos casos, genera una diferencia significativa en el costo final del producto en el mercado.
Por ejemplo, si se establece un arancel del 12%, este podría traducirse en un costo efectivo de solo un 6% sobre el precio en el anaquel, asumiendo que se cumplen las condiciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Es importante señalar que el arancel efectivo promedio en Estados Unidos ha alcanzado un nivel alarmante del 17.8%, el más alto desde 1933, lo que mantiene en alerta a los sectores productivos de diversas naciones, incluida México.
Un aspecto crítico a considerar es que la eficiencia y la productividad en las empresas mexicanas presentan un amplio margen de mejora. Según el análisis de Roland Berger, solo una de cada cuatro empresas ha implementado programas para optimizar su eficiencia operativa, lo que sugiere que hay una considerable oportunidad para aumentar su competitividad en el mercado internacional.
Además, los empresarios tienen el control sobre costos de mano de obra, que en México son aproximadamente 40% más bajos que en Estados Unidos, así como la integración en las cadenas de suministro, lo que proporciona una ventaja significativa. En el sector logístico, los costos también son más competitivos, especialmente en industrias clave como la automotriz, donde México ha logrado posicionarse como un jugador relevante en las cadenas globales de valor.
En un análisis optimista del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce), se estima que, si la administración estadounidense reduce el arancel del 25% al 12% en temas relacionados con migración y fentanilo, el arancel ponderado para México podría descender hasta un 8.4%. Este ajuste colocaría a México en una posición favorable frente al proteccionismo comercial global.
No obstante, los aranceles no son solo una cuestión económica. Estados Unidos los utiliza como una herramienta de estrategia política, ya sea para proteger sectores nacionales o como un medio para presionar en cuestiones geopolíticas, particularmente en su relación con países como China.
El futuro del comercio entre México y Estados Unidos dependerá de cómo se gestione esta dinámica en un entorno de aranceles fluctuantes y adecuaciones en las políticas comerciales. En este contexto, las empresas mexicanas tienen ante sí no solo un reto, sino también una oportunidad para fortalecer su competitividad y responder a las exigencias del mercado.
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