El reclutamiento de niñas, niños y adolescentes en México por organizaciones criminales ha emergido como una forma sistemática de violencia que, lamentablemente, ha sido normalizada y permanece en gran medida invisibilizada. Tal es la preocupación que organizaciones como Reinserta han alzado la voz para señalar esta alarmante realidad.
Recientemente, un comunicado resaltó un incidente en Aguascalientes, donde entre los detenidos en un campo de entrenamiento del Cártel Jalisco Nueva Generación se encontraban menores, así como otras personas reportadas como desaparecidas. Este suceso no solo evidencia las graves omisiones del Estado, sino que pone de manifiesto una deuda estructural aún insatisfecha con los menores en el país.
Reinserta sostiene que los jóvenes siguen expuestos a entornos de violencia sin contar con las herramientas jurídicas necesarias, ni los mecanismos de protección adecuados. La preocupante realidad es que la violencia que ha asolado a México durante años ha generado una especie de normalización social que ha vuelto cotidiano lo inaceptable. La aisladamente evidente presencia de adolescentes armados o involucrados en delitos ya no provoca la indignación que debería.
Este fenómeno de insensibilidad colectiva es resultado de años de impunidad y desinformación, que refuerzan el abandono institucional. Ejemplo de esta dramática situación es el testimonio de Saúl, un adolescente de 14 años que logró escapar de las garras del crimen organizado. “Estuve en un lugar donde lo único importante era el poder y la violencia. Ser sicario no era algo que pensaba que haría, pero así fue. Un día me subieron al monte, me entrenaron y me enseñaron a disparar. Empecé a matar y a cobrar venganzas”, narró.
Las cifras que proporciona la organización resultan esclarecedoras: nueve de cada diez personas privadas de la libertad habían tenido contacto con actividades delictivas antes de cumplir seis años. Asimismo, siete de cada diez adolescentes en conflicto con la ley habían tenido nexos con grupos delictivos dentro de sus comunidades.
Frente a esta devastadora problemática, Reinserta ha realizado un llamado urgente para que se reconozca la magnitud del problema, se visibilicen a sus víctimas y se construyan rutas claras de solución. La organización enfatiza la necesidad de denominar el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte del crimen organizado como lo que realmente es: un delito que arrebata la infancia, vulnera derechos y deja profundas secuelas en el tejido social mexicano.
La realidad es trágica, y parte de la solución parece radicar en un cambio profundo en la percepción social y en la respuesta institucional frente a esta problemática que afecta a los más vulnerables de la sociedad mexicana.
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