José Paradela, el virtuoso futbolista originario de Facundo Quiroga, ha recorrido un camino impresionante desde sus inicios en el Atlético Quiroga hasta convertirse en una figura destacada del Cruz Azul. Desde pequeño, su habilidad con el balón y su irrefrenable pasión por el fútbol fueron evidentes, lo que llevó a sus entrenadores a tomar medidas para protegerlo, como prohibirle realizar gambetas que pudieran poner en riesgo su integridad física.
Beto Rodríguez, quien dirigió a Paradela desde los cinco hasta los 15 años, recuerda cómo el joven futbolista a menudo prefería estar en la cancha antes que en la escuela. “Él quería la pelota, ir a jugar al fútbol”, comparte Rodríguez, destacando la conexión de Paradela con su comunidad y su talento natural. Su pierna izquierda, una de sus mayores fortalezas, le permitía disparar con precisión y ejecutar pases precisos, aunque la inclinación a gambetear a menudo lo ponía en situaciones riesgosas.
Para mitigar estos riesgos, Rodríguez implementó métodos creativos, como jugar partidos con dos balones: uno para Paradela y otro para el resto del equipo. Esto le ayudaba a aprender la importancia del juego en equipo y a entender el timing para soltar el balón en lugar de enfrentar a las defensas rivales. A pesar de esto, su habilidad para sortear rivales y generar oportunidades de gol nunca pasó desapercibida, y sus entrenadores lo reconocieron como uno de los más talentosos de su generación.
Paradela no solo ha destacado dentro del campo, sino que también mantiene un fuerte lazo con sus raíces. Cada vez que tiene vacaciones, regresa a Facundo Quiroga para visitar a su familia y continúa apoyando al Atlético Quiroga. Desde la donación de material deportivo hasta la participación en charlas en escuelas locales, Paradela es un referente para los jóvenes de su comunidad. “Siempre está presente con el club, apoyando en lo que se pueda”, dice Martín Unanua, actual presidente del club.
La huella de Paradela en Facundo Quiroga es profunda; su padre, apodado ‘Serrucho’, soñó con ser futbolista, pero su hijo ha conseguido lo que él no pudo. “José se merece todo lo que le ha pasado”, afirma Rodríguez, señalando que su éxito no ha cambiado su esencia.
Con recientes transferencias a equipos de mayor envergadura, como el Necaxa y el Cruz Azul, su carrera sigue en ascenso. Manuel Hernández, uno de sus exentrenadores, menciona el uso de tecnología por parte de los aficionados en Argentina para seguir sus partidos en México, reflejando la admiración y el apoyo que recibe de su entorno.
Paradela se ha convertido en un modelo a seguir, un ejemplo palpable de que con esfuerzo y determinación se pueden alcanzar sueños en el deporte. Aceptado y querido por su comunidad, su legado va más allá del fútbol; representa la esperanza y el esfuerzo de muchos jóvenes que anhelan brillar en el terreno de juego.
Conocer la trayectoria de José Paradela es recordar que, detrás de cada gran jugador, hay una historia de pasión y dedicación que inspira a futuras generaciones.
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