El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha revelado cifras sobre la inflación que han suscitado una mezcla de alivio y preocupación en la población. En julio, la inflación anual se situó en un 3.51%, notablemente inferior al 5.57% del mismo mes del año anterior. Además, el incremento del índice mensual fue de solo 0.27%, una señal alentadora en un contexto donde muchos hogares han enfrentado alzas constantes y significativas en el costo de la vida.
No obstante, tras un análisis más profundo, se hace evidente que esta baja inflación no es resultado de una recuperación económica o de la efectividad inmediata de la política monetaria del Banco de México. A pesar de la reciente reducción de la tasa de interés a un 7.75% —su nivel más bajo en tres años—, los efectos todavía no son totalmente perceptibles. La caída considerable en los precios de las frutas y verduras, que registró un descenso del 12.10% a tasa anual, aparece como la principal razón de este alivio inflacionario. Este descenso marca la caída más fuerte desde 2017, abarcando productos como la uva, que experimentó una disminución del 18.35%, y la papaya, con un 8.40%.
Este fenómeno deflacionario ha tenido un efecto notable en el índice no subyacente, que se ha reducido a un 1.14% anual, lo que ha arrastrado hacia abajo a la inflación general. Sin embargo, el impacto de esta caída de precios no es de celebrarse sin matices: quienes suelen beneficiarse o depender del cultivo y comercialización de estos productos son casi un millón de personas que ahora enfrentan ingresos más bajos, cancelaciones de jornales y pérdidas en las cosechas. En un entorno donde no hay precios de garantía ni seguros agrícolas efectivos, la mayoría de estos cultivadores queda vulnerable ante la presión del mercado.
Mientras tanto, otros sectores también muestran un comportamiento inflacionario destacado. El costo de comer en fondas, loncherías y taquerías ha incrementado un 0.54% solo en julio, con los “otros alimentos cocinados” subiendo un 0.90%. Por otro lado, los servicios en restaurantes han aumentado un 0.43% en el mes y un 7.79% en el último año. También, los alimentos de origen animal han visto un exorbitante aumento del 10.29% anual, impactando de manera negativa a familias de todos los niveles de ingresos, con mayor énfasis en aquellos de menores recursos.
La disminución en la inflación es positiva, pero se debe abordar con cautela. Si esa contención en los precios se logra a expensas de los ingresos rurales y, a la vez, los servicios y los alimentos básicos de origen animal continúan encareciéndose, el panorama se torna incierto. Con un crecimiento del PIB que solo avanza a un lento 1.2% anual, se plantea el riesgo de una posible estanflación, un fenómeno que combina la alta inflación con un bajo crecimiento económico. Este riesgo no debe ser subestimado, resaltando la complejidad del entorno actual y las múltiples aristas que condicionan la economía.
La información presentada corresponde a la fecha de publicación original (2025-08-08 00:54:00).
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