Al llegar a un nuevo capítulo de la historia demográfica de México, 2023 nos presenta un panorama marcadamente diverso. A la fecha, cerca de 39.2 millones de personas se identifican como indígenas en el país, lo que equivale aproximadamente al 30% de la población total según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) del Inegi. Sin embargo, de este vasto grupo, solo 7.4 millones mantienen viva la tradición de hablar alguna lengua originaria, lo que se traduce en que solo 2 de cada 10 indígenas dominan su lengua materna, un reto considerable en la preservación de esta rica diversidad cultural.
México se distingue a nivel mundial por albergar un total de 68 lenguas nativas vivas, una cifra que, pese a su grandeza, se erige como un recordatorio de los desafíos que enfrenta la continuidad lingüística. Entre las lenguas más habladas se destaca el náhuatl, utilizado por aproximadamente 1 millón 725,000 personas. A este le siguen el maya, con alrededor de 859,000 hablantes, y el tseltal, que cuenta con 556,000 seguidores en su uso diario. Otras lenguas como el mixteco, tsotsil, zapoteco y otomí también aportan a este mosaico cultural, siendo vitales para la identidad de múltiples comunidades.
La geografía también juega un papel crucial en esta trama; Oaxaca, Yucatán, Chiapas, Quintana Roo y Guerrero son los estados donde la herencia lingüística se encuentra más robusta. Estos lugares conservan una rica cantidad de hablantes de lenguas indígenas. Aun así, no todo son buenas noticias: varias lenguas nativas se encuentran en riesgo de extinguirse. Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), lenguas como ku’ahl, kiliwa y ayapaneco enfrentan un futuro incierto, mientras que ciertas variantes de zapoteco en Oaxaca están igualmente amenazadas.
La Secretaría de Cultura ha señalado que 6 de cada 10 lenguas indígenas podrían estar en un eventual riesgo de desaparición. Este fenómeno se relaciona con la prevalencia de estigmas, la desvalorización de las culturas originarias y la falta de promoción efectiva a través de canales oficiales.
Por otro lado, las condiciones de vida en las comunidades indígenas revelan aún más desafíos. Las desigualdades en el acceso a derechos entre la población indígena y no indígena son alarmantes. La brecha educativa se evidencia de manera contundente: la tasa de analfabetismo es casi 8 veces mayor en mujeres indígenas en comparación con sus homólogas no indígenas, y para los hombres la cifra se reduce a 5 veces. Además, cerca de 1 de cada 4 personas indígenas de edad escolar no asiste a la escuela.
Aunque las tasas de ocupación entre los indígenas pueden parecer similares a las de la población general, enfrentan niveles elevados de informalidad y precariedad laboral. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis), el 40% de quienes se identifican como indígenas considera que sus derechos son respetados poco o nada, y al menos 3 de cada 10 han sufrido algún tipo de discriminación.
La lucha por la equidad y el reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas es fundamental para garantizar la preservación de su rica herencia cultural. Para lograrlo, es esencial implementar políticas públicas que no solo reconozcan y valoren sus tradiciones, sino que también atiendan sus necesidades específicas en educación, salud y derechos laborales. Así, se podrá contribuir a un México más inclusivo y plural, donde la diversidad cultural no solo sea celebrada, sino también protegida y fomentada.
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