La presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto sobre la mesa una propuesta controversial: la eliminación de los diputados plurinominales en un intento por ahorrar recursos y simplificar el sistema electoral. Sin embargo, esta iniciativa podría transformar radicalmente la composición de la Cámara de Diputados y fortalecer aún más el poder de su partido, Morena.
Los plurinominales fueron introducidos en 1963 con el fin de dar representación a minorías y grupos de oposición, facilitando así la inclusión de voces que previamente tenían escasa o nula representación. Antes de su creación, todas las curules se asignaban por mayoría relativa, un sistema que permitía al Partido Revolucionario Institucional (PRI) ejercer un control prácticamente absoluto sobre el Congreso. La reforma de 1977 cambió el panorama al establecer la representación proporcional, permitiendo la entrada de nuevos actores como el PAN, el PPS y el PARM, que, aunque algo limitados, lograron tener presencia en el Legislativo.
Desde entonces, varios partidos han utilizado esta figura a su favor. Morena, surgida en 2015, ha alcanzado significativas cantidades de plurinominales que han reforzado su posición en el Congreso. Otros partidos, como el PT, el PVEM y MC, también han dependido en gran medida de estas diputaciones. En contraste, el PRI ha visto mermada su influencia, reduciéndose a un papel marginal en el actual panorama político.
El desdén hacia los diputados plurinominales se basa en su percepción como miembros de la élite política que obtienen curules sin el respaldo del voto popular. La presidenta propone eliminar estos cargos, sin embargo, expertos sugieren que la solución podría estar en reformar el marco legal para asegurar que las posiciones clave en la Cámara sean ocupadas solo por diputados elegidos por votación directa.
La pregunta que surge es: ¿realmente cambiaría el panorama político si se eliminaran los plurinominales? Un análisis de los resultados de las elecciones más recientes sugiere que, de haberse elegido solo a los diputados por mayoría relativa en 2024, la composición de la Cámara sería significativamente diferente, con Morena reduciendo su representación a 176 curules y otros partidos, como el PAN y el PRI, también presentando números reducidos. Sin embargo, los aliados de Morena aún tendrían suficiente apoyo para aprobar reformas constitucionales sin necesidad de diálogo con la oposición.
El riesgo de eliminar a los plurinominales es evidente: millones de ciudadanos podrían ver sus voces sin representación, lo que podría llevar al Congreso de vuelta a una era de bipartidismo donde un solo partido controla la agenda legislativa. Este fenómeno sería particularmente preocupante en un contexto donde los contrapesos democráticos están ya en una situación precaria.
El debate sobre esta propuesta no es solo político; es, fundamentalmente, una cuestión de representación y equidad en el sistema democrático. La encrucijada actual pone de relieve la necesidad de una revisión crítica de las estructuras políticas para garantizar que todos los ciudadanos tengan un espacio en la esfera pública, no solo aquellos apoyados por partidos mayoritarios. El futuro del Congreso y, por ende, de la democracia en el país, está en juego.
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