Al 31 de julio, el panorama de la sequía en México presenta matices significativos. Un 15.9% del territorio nacional se vio afectado por sequías clasificadas desde moderadas hasta excepcionales (D1 a D4), principalmente en la cuenca del noroeste, que incluye a Sonora. Esta cifra representa una notable mejora del 24.23% en comparación con el mismo periodo del año anterior, 2024, cuando el porcentaje alcanzó un alarmante 40.13%.
El Monitor de la Sequía en México, administrado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), evidenció que, en la segunda quincena de julio, diversas regiones del norte, noroeste, occidente, centro, golfo de México y sureste experimentaron lluvias superiores al promedio. Estos fenómenos climáticos fueron el resultado de la interacción de diferentes elementos atmosféricos, incluyendo el paso de siete ondas tropicales, así como la influencia de canales de baja presión y sistemas ciclónicos en alturas medias y altas.
Pese a la mejora, el informe advierte sobre déficits pluviométricos en zonas específicas, que han favorecido la aparición y expansión de condiciones anormalmente secas y sequías moderadas (D0 y D1) en el noreste, occidente, Pacífico sur y sureste del país.
Para ser más precisos, al 31 de julio de 2025, un 66.2% de México se encontraba libre de afectaciones por sequía, pero del resto del territorio, las sequías severas a excepcionales (D2 a D4) afectaron al 7.7%, mientras que un 3.6% se vio impactado por sequías extremas a excepcionales (D3 a D4) y un 1% en la categoría excepcional (D4).
Los datos desglosados reflejan que, en términos de impacto, un 17.9% del terreno mexicano ha sido clasificado como anormalmente seco (D0), mientras que, conforme a la clasificación, el 8.2% presenta sequía moderada (D1), 4.1% severa (D2), 2.6% extrema (D3) y 1% excepcional (D4).
Este informe no solo sirve como alerta sobre la situación hídrica del país, sino que también enfatiza la importancia de estar atentos a las dinámicas climáticas y su impacto en nuestro medio ambiente. La capacidad de adaptación y la planificación adecuada de recursos son cruciales ante un futuro que podría verse afectado por más eventos climáticos extremos.
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