Cuando el calor se intensifica, numerosos artículos en los medios ofrecen recomendaciones para sobrellevar el verano de la forma más placentera. Entre estos consejos, el aire acondicionado destaca como el verdadero rey en la lucha contra el calor. Al utilizarlo, se establece un termostato personal que permite disfrutar de un ambiente fresco y cómodo. Sin embargo, el dilema que enfrentan muchos es cómo equilibrar el uso del aire acondicionado con el ahorro energético.
La realidad es que el aire acondicionado tiene un gran inconveniente: su consumo eléctrico elevado. Cuanto más tiempo se mantiene encendido, mayor es el gasto. A pesar de que los modelos actuales son más eficientes y cuentan con funciones de ahorro, como el modo económico y el modo húmedo, la factura eléctrica puede seguir siendo sorprendentemente alta. En este sentido, aunque el ventilador sea más económico, no proporciona el mismo nivel de confort.
Ante el creciente desafío del cambio climático y el aumento de temperaturas extremas, es fundamental adoptar medidas para optimizar el uso del aire acondicionado. Algunos consejos prácticos incluyen: aislar adecuadamente el hogar, evitar la exposición solar directa durante las horas más intensas, ventilar por la noche, no establecer temperaturas muy bajas y aprovechar todas las funciones de ahorro disponibles.
En particular, el modo de deshumidificación, también conocido como modo seco o “Dry Mode”, se presenta como una herramienta eficaz para reducir el consumo energético. Este modo, que muchos dispositivos tienen, permite al aire acondicionado deshumedecer el ambiente sin enfriarlo en exceso. Así, aunque no se logre una disminución drástica de la temperatura, se puede mejorar la sensación térmica, que se ve gravemente afectada por el nivel de humedad en el aire.
La relación entre la temperatura y la humedad tiene un impacto notable en nuestra percepción del calor. Por ejemplo, a una temperatura de 30 °C, una humedad elevada puede hacer que la sensación térmica se eleve considerablemente. Datos de la Agencia Estatal de Meteorología sugieren que con un 80% de humedad, la sensación térmica puede alcanzar los 38 °C. Mantener la humedad por debajo del 55% puede ayudar a que la temperatura percibida coincida más estrechamente con la temperatura real.
La elevada humedad puede, a su vez, influir negativamente en la salud. La tabla de sensación térmica de la Agencia muestra claramente cómo varía la percepción del calor con diferentes niveles de humedad y temperatura, revelando que condiciones adversas pueden resultar en fatiga o incluso golpes de calor.
En conclusión, es esencial tener en cuenta tanto la temperatura como la humedad en la búsqueda del confort. Utilizar el modo de deshumidificación no solo contribuye a un ambiente más agradable, sino que también permite un ahorro significativo en el consumo eléctrico. Además, el uso de temporizadores y modos económicos en los dispositivos puede ser un aliado estratégico para mitigar el impacto en la factura de la luz. Adoptar estas prácticas beneficiará tanto el bolsillo como el bienestar general durante los calurosos meses de verano.
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