A pesar de los recientes reveses en la negociación del tratado sobre plásticos, la situación no está completamente perdida. La mayoría de los países manifestaron su interés en continuar las discusiones. Jessika Roswall, delegada de la Unión Europea, enfatizó que no se aceptará un “tratado muerto en nacimiento”. Durante la sesión plenaria de clausura, muchos delegados reiteraron la gravedad de la situación, indicando que las repercusiones de la inacción son demasiado significativas como para ser ignoradas.
Un negociador de Madagascar destacó la urgencia: “Cada día, nuestros océanos, ecosistemas y comunidades sufren las consecuencias de nuestra incapacidad para actuar de manera decisiva y unificada”. Pepetua Election Latasi, delegada de Tuvalu, advirtió que la falta de un tratado significaría que “millones de toneladas de desechos plásticos seguirán vertiéndose en nuestros océanos, afectando nuestro ecosistema, la seguridad alimentaria, nuestros medios de vida y nuestra cultura”.
Sin embargo, la falta de un cambio en el formato de negociación, especialmente en lo que respecta a la toma de decisiones, plantea dudas sobre la efectividad de futuros diálogos. El enfoque de “toma de decisiones por consenso” está obstaculizando el progreso, ya que la amenaza de una votación no puede utilizarse para mover a países reacios de sus posiciones inflexibles. Bjorn Beeler, director ejecutivo de la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes, afirmó que “esta reunión demostró que el consenso está muerto” y añadió que el problema no desaparecerá.
Grupos de defensa y organizaciones no gubernamentales realizaron protestas silenciosas durante las charlas en Ginebra, mostrando pancartas que decían: “El consenso mata la ambición”. Senimili Nakora, delegada de Fiyi, indicó que el consenso debería ser una meta solo si nos mueve hacia adelante, no si estanca el proceso. Por su parte, el negociador suizo, Felix Wertli, sugirió que “este proceso necesita un tiempo de espera”, reconociendo que otra reunión similar podría no lograr el avance y ambición requeridos.
Adicionalmente, muchos países expresaron su preocupación por la “falta de transparencia” en el proceso de negociación, citando instrucciones poco claras del secretariado que organiza las discusiones. Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, resaltó que, aunque fue útil escuchar con claridad las líneas rojas de cada país, es indispensable que todos comprendan que el trabajo no se detendrá, porque la contaminación por plásticos no cesará.
Mientras tanto, la industria de los plásticos, que se opone a las restricciones sobre la producción y la eliminación de ciertos productos químicos peligrosos, seguirá respaldando un tratado que “mantenga el plástico en la economía y fuera del medio ambiente”. Marco Mensink, secretario del consejo de la Asociación Internacional de Química, indicó que, aunque no finalizar un acuerdo global para acabar con la contaminación por plásticos representa una oportunidad perdida, seguirán apoyando los esfuerzos para alcanzar un entendimiento que funcione para todas las naciones y sea implementable de manera efectiva.
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