El apellido Ponzanelli resuena con notable fuerza en el ámbito de la escultura en México. Un recorrido por el Parque de los Periodistas Ilustres revela un panteón lleno de historia y homenaje, donde las obras de la familia Ponzanelli brillan entre los monumentos a figuras sobresalientes del periodismo, como Miguel Ángel Granados Chapa y Manuel Buendía. Este parque destaca no solo por su belleza, sino por ser un refugio de memoria colectiva sobre aquellos periodistas que dejaron una huella en la historia mexicana entre las décadas de 1940 y 1970.
Pedro Ramírez Ponzanelli, con 52 años de vida, es el heredero de una rica tradición escultórica. Su abuelo fue quien realizó la efigie de Manuel Buendía, mientras su madre, Rosa María Ponzanelli, dejó una marca indeleble con monumentos como el imponente homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz en Tlalnepantla, una obra de 9 metros que encapsula no solo la grandeza de la escritora, sino también el reconocimiento a la fortaleza femenina. Este monumento se alinea en una historia donde el arte y la reivindicación social van de la mano, transformando el espacio público en un homenaje a las mujeres de impacto en la sociedad.
La presencia del Monumento a la Madre en la Plaza Melchor Ocampo es también digno de mención, lugar que se convierte en un punto de encuentro cada 10 de mayo, cuando familias acuden a rendir homenaje, reforzando la connotación material del tributo a la figura materna en la cultura mexicana. Este monumento, del que se dice que fue restaurado por el arquitecto Gabriel Mérigo Basurto luego de un colapso en 1917, ha acogido en su explanada a feministas prominentes, como la inolvidable Martha Acevedo y la economista Ifigenia Martínez, quienes hicieron eco de su lucha y compromiso a lo largo de los años.
El legado de la familia Ponzanelli se extiende no solo a través de sus esculturas, sino también en los vínculos forjados con figuras políticas y culturales del país. Pedro destaca haberse encargado del busto de Ifigenia Martínez, una figura central en el espacio político y cultural, cuyo hogar se ha convertido en fundación y refugio de encuentro para diversas generaciones de activistas y académicos.
Además, el relato familiar de los Ponzanelli entrelaza la construcción de un legado artístico con el repaso histórico de Coyoacán, donde la arquitectura y la historia se entrelazan. Desde las casas que conforman su herencia hasta los jardines de la Cerrada del Pedregal, cada rincón ofrece una ventana al pasado que refleja el crecimiento y la transformación de la comunidad.
Este recorrido por la obra y la historia de la familia Ponzanelli no solo ilumina su aportación al mundo de la escultura sino que también encapsula la esencia de un país reflejado en sus monumentos, donde la memoria colectiva se conserva en cada detalle, invitando a nuevas generaciones a apreciar y reivindicar la historia.
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