El sector financiero se encuentra en medio de una revolución, con bancos tradicionales y fintechs abrazando un proceso de transformación esencial para modernizar sus sistemas ante tendencias emergentes como las finanzas abiertas, la inteligencia artificial y la digitalización de pagos. Este cambio se gesta en un entorno donde las innovaciones son impulsadas por el uso de servicios en la nube.
La nube, esa infraestructura tecnológica que posibilita el almacenamiento, procesamiento y acceso a información de forma remota a través de Internet, se ha consolidado como un habilitador fundamental para las tendencias en el sector financiero. Expertos en infraestructura de pagos, como Clai Payments Technologies, indican que las entidades financieras buscan soluciones más ágiles e interoperables, buscando no solo la reducción de costos, sino también una integración rápida con el ecosistema digital en plena expansión.
Según Fernando Carmona, director ejecutivo de Clai Payments Technologies, la tendencia se orienta hacia servicios transaccionales basados en la nube. Tanto bancos tradicionales como fintechs demandan soluciones ágiles, seguras y de fácil integración, que les permitan adaptarse a nuevos actores y modelos de negocio que emergen constantemente. La nube, al ofrecer servicios bajo demanda, disminuye las barreras de entrada, facilitando a nuevas fintechs y entidades emergentes evitar la inversión inicial en plataformas de pago costosas.
Además, el marco normativo de finanzas abiertas ha generado un fuerte impulso a las instituciones para que compartan información de manera segura y se preparen para modelos de negocio que están en desarrollo, lo que a su vez juega a favor del uso creciente de la nube.
De acuerdo a datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), a octubre del 2024, un impresionante 68% de los bancos, 56% de las instituciones de fondos de pago electrónico, 71% de las entidades de fondeo colectivo y 58% de las Sofipos ya estaban utilizando servicios en la nube. Sin embargo, es notable que solo el 47% de las casas de bolsa, 10% de las cooperativas y ninguna de las uniones de crédito ha avanzado en este aspecto, quedando rezagadas.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) destaca que la adopción de la nube simboliza un cambio de paradigma en cómo las instituciones almacenan y acceden a la información, ampliando su capacidad para diversificar la oferta y aumentar la cobertura de los servicios financieros.
Carmona señala que la demanda de soluciones de fácil integración y operación no está solo en el aire; es una exigencia del mercado que se intensifica con el tiempo. La llegada de las finanzas abiertas y la aceleración de la inteligencia artificial elevan la presión sobre todo el sector financiero.
A pesar de las oportunidades, la banca tradicional se enfrenta a retos estructurales significativos. Muchas instituciones operan con plataformas que son, en muchos casos, poco flexibles y dificultan una integración ágil con fintechs o nuevos canales digitales, algo esencial para mantener la competitividad en un mercado en constante evolución.
El director ejecutivo advierte que muchas de estas instituciones sufren restricciones debido a la falta de preparación de sus plataformas para responder rápidamente a las necesidades del mercado. Según el “Global Tech Report: Financial Services Insights” de KPMG, un preocupante 58% de los ejecutivos del sector financiero admiten que fallas en sus sistemas empresariales fundamentales interrumpen sus operaciones semanalmente.
El desafío para la banca tradicional es claro: simplificar plataformas complejas y permitir una innovación más rápida. Si se considera la diversidad de sistemas que un banco debe gestionar — incluyendo su sistema bancario, canales digitales y procesos operativos — es evidente que cada aspecto representa un mundo aparte. La simplificación y modernización de estas plataformas es esencial para avanzar en un entorno competitivo donde la agilidad es clave.
Con un sector financiero en plena transformación hacia la nube, la pregunta se cierne en el aire: ¿podrán las instituciones adaptarse rápidamente al ritmo vertiginoso de los cambios para no quedar atrás en esta nueva era digital?
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