En días recientes, una provocativa afirmación de Trump ha hecho eco en el ámbito internacional: comparó la seguridad de la capital de Estados Unidos, Washington D.C., con la de la Ciudad de México (CDMX) y Bogotá. Según sus palabras, WDC sería más peligrosa, citando la tasa de homicidios como el principal indicador. Esta afirmación ha encontrado un respaldo en las palabras del gobierno mexicano, que defiende a la CDMX como una de las capitales más seguras de Latinoamérica.
Las cifras hablan por sí solas. La tasa de homicidios en la Ciudad de México se encuentra en aproximadamente siete por cada 100,000 habitantes, en contraste con la de Washington D.C., que ronda los 27, e incluso otras ciudades estadounidenses como Chicago, donde la tasa es de aproximadamente 20. Sin embargo, es crucial señalar que la comparación no es tan favorable para la CDMX cuando se suman otros aspectos que contribuyen a la percepción de inseguridad.
Aunque la tasa de homicidios es un indicador relevante, no es el único que se debe considerar. En términos de ilegalidad, la CDMX presenta una serie de problemáticas que van más allá de los homicidios. Aquí entran en juego cuadros de extorsión, desapariciones de personas, y una apropiación casi tolerada de espacios públicos que contribuyen a un ambiente de inseguridad más amplio. La impunidad es prevalentemente alta, complicando aún más la situación.
México Evalúa ha diseñado un indicador de “violencia homicida” que no solo contabiliza los homicidios, sino que incluye feminicidios, desapariciones y otros crímenes. En este contexto, la CDMX recibe una calificación significativamente más negativa en comparación al simple índice de homicidios. De hecho, se reportó un incremento del 25.5% en la violencia homicida entre los primeros semestres de 2024 y 2025.
Un aspecto alarmante de la inseguridad en la CDMX es el registro de personas desaparecidas. Según la Secretaría de Gobernación, hay 1,442 casos reported en 2024 y 1,480 hasta el 8 de agosto de 2025. Se estima que muchos de los desaparecidos podrían estar relacionados con homicidios, lo que sugiere que los números son mucho más altos que los homicidios oficialmente contabilizados.
Como alguien que ha vivido en dos ciudades estadounidenses con altos índices de homicidio, Chicago y Washington D.C., puedo afirmar que las condiciones en esos lugares son notablemente distintas a las de la Ciudad de México. Las tasas de homicidio en la CDMX no incluyen a los desaparecidos, algo que no ocurre en las ciudades estadounidenses, donde los casos de desaparición son relativamente bajos comparativamente.
Asimismo, mientras que en algunas áreas de WDC y Chicago prevalecen problemas de segregación racial que llevan a la violencia, también existen zonas consideradas seguras. En contraste, en la CDMX, las áreas “seguros” no siempre son confiables para todos. La extorsión se convierte en una práctica común en las zonas más rentables, donde quienes llegan en transporte público son asaltados frecuentemente, mientras que las autoridades muchas veces son percibidas como corruptas. En muchas áreas, los “franeleros” ocupan espacios en las calles, y la competencia desleal entre negocios informales y formales es tolerada.
Este complejo panorama nos muestra que la comparación entre ciudades no puede basarse únicamente en cifras de homicidios. Si bien la CDMX presenta cifras más bajas en este aspecto, la combinación de delitos que afectan la vida diaria de sus habitantes revela la necesidad de un análisis más matizado de la seguridad en las capitales modernas. La información reflejada aquí se basa en datos recopilados hasta el 19 de agosto de 2025.
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