Hace aproximadamente 500 millones de años, un vasto mar cubría lo que hoy conocemos como el Gran Cañón. En estas aguas antiguas habitaba una fascinante criatura: un tipo recientemente descubierto de “gusano pene”, dotado de varios anillos de dientes. Estos solemnes habitantes del océano se caracterizan por su distintiva forma fálica y, aunque existen más de 20 especies vivas en los océanos actuales, este nuevo ejemplar se suma a las filas de especies extintas.
El descubrimiento fue realizado por un investigador que buscaba fósiles en la región del Gran Cañón, quien decidió honrar la memoria de los impresionantes dragones krayt de la saga de Star Wars al nombrar a esta nueva especie Kraytdraco spectatus. La investigación se publicó en la revista Science Advances, brindando una ventana a la comprensión de estos antiguos seres.
Los científicos apuntan a que el gusano se alimentaba a través de un trompa retráctil que podía ser proyectada hacia fuera e invertirse antes de ser atraída hacia sí misma —similar a cómo un dedo de un guante puede ser dado la vuelta—. Esta trompa estaba revestida de anillos de dientes que cumplían funciones específicas en su proceso alimenticio. Según las teorías formuladas, los dientes más fuertes y afilados servían para recoger alimentos como algas y microorganismos presentes en el sedimento donde habitaban, mientras que los dientes más delicados estaban diseñados para filtrar y triturar estos nutrientes.
Los adultos de esta especie alcanzaban longitudes de 15 a 20 centímetros, un tamaño considerablemente mayor al de sus descendientes contemporáneos, que han sufrido un proceso de miniaturización a lo largo de los milenios, reduciéndose a apenas 2 o 3 milímetros.
Aparte del interés despertado por este singular gusano, el mismo viaje de exploración también dio lugar al hallazgo de otros fósiles, que se estima datan de la era anterior al Cambro, aproximadamente 500 millones de años atrás, considerada como la era del inicio de la vida animal compleja. Entre estos restos se encuentran los primeros tipos de camarones y moluscos, que ofrecen vislumbres sobre el aspecto de los primeros depredadores del planeta, invitando a los científicos a reflexionar sobre la evolución de la vida marina en sus inicios.
Este descubrimiento resuena no solo con la curiosidad científica, sino que abre un capítulo intrigante en el entendimiento de nuestro antiguo mundo oceánico. Las preguntas emergen, y con cada nuevo hallazgo, desenterramos más de nuestra historia compartida.
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