El 17 de agosto de 2025, durante la Fiesta Mayor de Gràcia en Barcelona, un incidente provocó una controversia significativa, reflejando las tensiones lingüísticas que persisten en Cataluña. La pareja de Guillem Roma, consejero de distrito de ERC, se encontró en una situación incómoda mientras compraba un helado en la franquicia Dellaostia, ubicada en el número 128 de la calle del Torrent de l’Olla. Al dirigirse al dependiente en catalán, fue recibida con hostilidad, recibiendo un trato rudo y comentarios que descalificaban el uso de la lengua, como “maleducada” y “estamos en el Reino de España”.
Roma optó por compartir el episodio en la red social X, donde expuso los hechos y anunció sus acciones: había presentado quejas formales ante el Departamento de Política Lingüística, la Oficina de No Discriminación del Ayuntamiento de Barcelona y la Agencia Catalana de Consumo. Esta denuncia pública derivó en actos vandálicos contra el establecimiento el día siguiente, que amaneció cubierto de grafitis con insultos y críticas al local por no respetar el catalán.
Las repercusiones en las redes sociales fueron inmediatas y polarizadas. Organizaciones como Òmnium Cultural y Plataforma per la Llengua, junto a partidos políticos como ERC, CUP y PSC, mostraron su apoyo a Roma, abogando por la defensa y respeto de la lengua catalana y condenando cualquier forma de “catalanofobia”. Sin embargo, otros usuarios cuestionaron la relevancia del catalán en el ámbito comercial, descalificando su uso como “minoritario”.
A nivel político, el caso suscitó respuestas encontradas. Antonio Baños, exlíder de la CUP, llegó a calificar al local como un enemigo hasta su cierre. En contraste, el líder del PP en Barcelona, Daniel Sirera, condenó firmemente los actos de violencia, recordando que “ninguna causa, ninguna, justifica la violencia”.
Este episodio no solo ha puesto de manifiesto las fricciones existentes en la sociedad catalana en torno al uso y respeto del catalán, sino que también ha reabierto un debate crucial sobre los límites entre la defensa de la lengua y la libertad en el comercio. La controversia sigue vigente, subrayando un conflicto profundamente arraigado que continúa desafiando a la comunidad.
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