En el contexto actual, la comparación entre los enfoques económicos de la Cuarta Transformación (4T) en México y el reciente modelo liberal implementado por Javier Milei en Argentina abre un debate fascinante sobre la reducción de la pobreza en ambos países. Las cifras muestran un panorama intrigante: ambos gobiernos han podido registrar resultados en la disminución de la pobreza, pero sus métodos y marcos teóricos son radicalmente opuestos.
En el caso de México, antes de la llegada de López Obrador, el país se caracterizaba por una estabilidad macroeconómica notable, con inflación controlada entre el 3% y 4%, una deuda pública de aproximadamente el 45% del PIB y un manejo responsable de las reservas internacionales, que superaban los 170 mil millones de dólares. Sin embargo, a pesar del orden financiero, la economía padecía un bajo crecimiento, y el 41.9% de la población vivía en situación de pobreza, revelando una movilidad social prácticamente inexplorada.
Por otro lado, Argentina llegó a la administración de Milei tras años de desmanejo económico que dejaron como legado una inflación exorbitante, que superaba el 200% anual y un colapso económico que colocaba a más del 50% de su población bajo la línea de pobreza. Desde su llegada al poder en diciembre de 2023, Milei adoptó un enfoque radical, conocido como el “Shock Liberal”, implementando medidas como la eliminación de subsidios y un ajuste fiscal agresivo que pretendía revertir décadas de políticas redistributivas.
A apenas ocho meses de su administración, los resultados son visibles: la inflación mensual ha descendido de un 25% a un 2% y la pobreza ha caído de un 53% a un 33%. Este enfoque feroz, que rechaza programas asistenciales y se concentra en una política de austeridad, ha generado un superávit fiscal por primera vez en décadas.
En contraste, la estrategia de la 4T en México ha promovido una redistribución masiva con incrementos en el salario mínimo y un amplio espectro de programas asistenciales, aunque se ha enfrentado a un contexto de crecimiento negativo. Entre 2018 y 2024, el PIB per cápita en México se contrajo un -0.56%, a pesar de que la pobreza se redujo en un 26%, sacando a 13.4 millones de personas de esa condición.
Sin embargo, este enfoque ha traído consigo un elevado déficit fiscal proyectado para 2024 del 6% del PIB, el más alto en tres décadas. Asimismo, el acceso a la salud pública se ha deteriorado, y la desatención de áreas esenciales como educación y cultura amenaza a largo plazo la propia capacidad del Estado para sostener el crecimiento en la reducción de la pobreza.
Hoy, México enfrenta el riesgo de una reducción en el impacto social de sus políticas redistributivas si el estancamiento económico pone en jaque el financiamiento estatal. En cambio, la economía argentina, tras el duelo del ajuste, podría encaminase hacia una recuperación sustentada por un entorno fiscal sólido y un ambiente propicio para la inversión.
Ambos países han tomado caminos distintos y han logrado reducir la pobreza de maneras diversas, pero las estructuras sustentadoras de estos resultados difieren radicalmente. Mientras que el modelo liberal de Milei se basa en la creación de empleo y mejora continua del entorno económico, el modelo populista mexicano depende de la capacidad del gobierno de mantener su elevada redistribución mediante el endeudamiento.
A medida que estos escenarios se desarrollan, la pregunta que persiste es si cada modelo podrá sostener sus logros a largo plazo. ¿Será el enfoque asistencialista de la 4T capaz de continuar reduciendo la pobreza sin un crecimiento claro, o el modelo de Milei se podrá asentar y ampliar en un entorno de disciplina fiscal y crecimiento real? Estos son dilemas que marcarán el rumbo de ambos países en los próximos años.
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