En el dinámico entorno del marketing actual, las marcas están rediseñando sus estrategias para capturar la atención del consumidor en un contexto donde la sobrecarga de información es común. Según Natalia Sánchez, Business Development Director en otro grupo de comunicación estratégica presente en 21 países, la clave está en la implementación de activaciones narrativas que superan los tradicionales eventos masivos. Este enfoque no solo busca sorprender, sino también crear conexiones emocionales significativas y recuerdos culturales que perduren.
Sánchez subraya que la activación debe partir de una historia arraigada en los valores de la marca, lo que transforma cada experiencia en una oportunidad para edificar sentido y relevancia. Un estudio de Quirk’s destaca que un 56% de los consumidores establece una conexión emocional con una marca a través de experiencias activadas, en comparación con solo un 16% que experimenta esto a través de la publicidad convencional. Además, el 69% de los encuestados prefiere las experiencias de marca sobre los anuncios, considerándolas más relevantes.
El impacto de estas experiencias, que generan un mayor compromiso y recordación, es evidente; un 90% de los consumidores se muestra más dispuesto a comprar tras vivir una activación de marca. De acuerdo con otro estudio de WinSavvy, el 98% de los participantes también crea contenido digital relacionado, lo que impulsa la visibilidad orgánica de las marcas. La experticia de Sánchez se centra en una noción revolucionaria del ROI (retorno de inversión), donde el capital emocional se vuelve crucial. “El verdadero ROI de una activación no se mide solo en tráfico o alcance”, afirma, “sino en qué historia retiene el consumidor y cómo la comparte”.
Esta nueva perspectiva ha dado paso a la métrica emergente conocida como ROX (Return on Experience), que mide el valor de marca a partir de su impacto emocional. Según un estudio especializado, los clientes que se encuentran emocionalmente conectados con una marca poseen un valor de vida superior en un 306% en comparación con aquellos que carecen de vínculos emocionales.
La inclinación hacia la autenticidad y participación también se refleja en la redefinición del papel de los influencers. En vez de ser meros amplificadores de contenido, ahora son coproductores activos desde la fase de conceptualización de las activaciones, lo que potencia el engagement y la legitimidad de las experiencias.
A medida que aumenta el interés por estas vivencias únicas, un 80% de los consumidores muestra disposición a participar en activaciones de marca, especialmente entre las generaciones más jóvenes que valoran las experiencias significativas más que los mensajes aspiracionales. Este cambio de paradigma ofrece a las marcas no solo la oportunidad de crear eventos memorables, sino también de posicionarse en un lugar significativo dentro de la cultura contemporánea.
Las marcas que logran este nivel de conexión no solo venden productos; construyen significados que resuenan en la conversación cultural. A medida que nos acercamos a 2025, es evidente que los consumidores buscan más que bienes materiales: buscan narrativas con las que se sientan identificados. Aquellas marcas que logren comprender y adaptarse a esta nueva realidad serán las que consigan ser recordadas, compartidas y defendidas.
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