El surrealismo parece renacer diariamente en el panorama político de México. Un reciente evento marcó la atención de los medios: el secretario Juan Ramón de la Fuente leyó repetidamente la Constitución mexicana ante Marco Rubio, en presencia de periodistas. Cada vez que se mencionaba “Venezuela”, De la Fuente volvía a señalar el artículo 89, citando los principios de autodeterminación y no intervención.
Es curioso cómo el enfoque en la letra de la Constitución parece servir de escudo ante la crítica hacia regímenes autoritarios, como el de Nicolás Maduro en Venezuela. En los 9,124 días de crisis en el país sudamericano, la retórica legal se erige como un recurso que a menudo parece desviar el foco de la realidad. La literatura mágica de la política mexicana, en este caso, hace que el discurso se convierta en un refugio para evitar una postura contundente.
Este mismo secretario, en una reciente interpretación de la política exterior, enfatizó la “confianza mutua” con Estados Unidos. Sin embargo, este argumento choca con la percepción de los vínculos con Maduro, cuestionando la verdadera esencia de dicha confianza. No olvidemos que un día antes, un ex presidente estadounidense afirmaba que México estaba bajo el control de narcotraficantes, un comentario que solo agrava las tensiones diplomáticas.
Además, resulta intrigante que durante la lectura de la Constitución, De la Fuente omitiera mencionar las obligaciones del Estado mexicano en cuanto a la defensa de los derechos humanos, un punto esencial en la diplomacia moderna, respaldado por tratados internacionales firmados por México. La ausencia de este tema parece contradecir la perspectiva de la comunidad internacional sobre la situación en Venezuela.
En el contexto de relaciones diplomáticas, el secretario defendió la conexión con todos los países dispuestos a dialogar, recordando un tiempo en que México rompió relaciones con España bajo la dictadura de Franco por motivos de dignidad. Este contraste genera interrogantes sobre la coherencia y la ética de las decisiones actuales.
La reciente jornada en la Secretaría de Relaciones Exteriores dejó un gusto amargo: la lectura de la Constitución no es suficiente para abordar los complejos desafíos de la diplomacia contemporánea. La actuación del canciller fue vista como una falta de conexión con las realidades que, en muchas ocasiones, escapan a la letra de las leyes.
Este análisis pone de relieve las tensiones latentes en las relaciones internacionales de México, al tiempo que invita a reflexionar sobre lo que constituye una auténtica diplomacia en tiempos de crisis global.
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