La situación actual del Partido Acción Nacional (PAN) en el municipio de Puebla presenta un panorama desalentador. El próximo domingo, durante la asamblea en la que se elegirá la nueva dirigencia del Comité Directivo Municipal (CDM), se anticipa que la abstención será la gran ganadora. De un total de aproximadamente 5,000 militantes, se estima que solo 2,500 acudirán a las urnas, incluso con intentos de movilización y compensaciones económicas por parte de los candidatos Guadalupe Leal y Manuel Herrera.
La contienda ha pasado desapercibida en gran medida, lo que refleja un desencanto palpable entre los propios panistas. Parece que los seguidores del partido se avergüenzan del nivel político y profesional de sus aspirantes. Esto nos lleva a dos conclusiones contundentes: en primer lugar, la desmotivación interna del partido podría agravar la situación de la oposición en Puebla; en segundo lugar, el rumbo del partido hacia futuros procesos electorales se vislumbra incierto y desdén.
El 7 de septiembre, los militantes tendrán que elegir entre Leal, Herrera y un tercer candidato, Arnulfo Carvajal. Este último, aunque cuenta con largo tiempo en el partido, ha restado más votos a Leal que a Herrera, al captar una pequeña fracción de los militantes antisistema. La falta de interés en el proceso electoral es notable, consecuencia de heridas recientes y del desasosiego generado por las decisiones del grupo al que pertenece el actual liderazgo.
El descenso del PAN es evidente; su estructura parece haber perdido su esencia, convirtiéndose en un organismo que actúa principalmente de manera testimonial. La gestión actual ha sido calificada de desastrosa, lo que aleja aún más a los militantes de sus filas. Desde el papel prácticamente irrelevante del CDM hasta la descomposición de su base, el PAN en Puebla lucha con una crisis de identidad y funcionalidad.
Los candidatos a la presidencia del CDM presentan cualidades distintas. Leal, por su dinamismo en redes sociales, se ha mostrado más visible, aunque su fortaleza territorial es cuestionada. Herrera, en cambio, tiene un conocimiento más profundo del municipio, aunque su apoyo por parte del grupo actual plantea dudas sobre su autenticidad y capacidad.
La cercanía de las elecciones, junto con el contexto de descontento, hace que cualquier triunfo electoral se vea empañado por la falta de confianza y la parálisis de la propuesta política. La planilla perdedora obtiene representación solo si logra más del 20% de los votos, lo que genera un escenario de competencia restrictiva y posiblemente desmotivadora.
Las decisiones y vínculos internos del partido revelan la intensa lucha por el poder, aunque muchos militantes parecen desinteresados, con pocas expectativas respecto a la dirección que tomará el PAN. En el fondo, la situación refleja «ruinas» que necesitan ser abordadas. Sin un camino claro y efectivo hacia el futuro, el panorama se torna sombrío para quienes deseen revitalizar al partido en el municipio.
De esta manera, la elección no solo representará un cambio en la dirigencia, sino que también servirá como un termómetro para medir el estado de un partido que, lamentablemente, ha perdido mucho de su vigor y relevancia en la vida política poblana.
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