El cierre de Natron, una emergente startup de baterías de sodio, marca el fin de un intento de 12 años por comercializar su tecnología en los EE. UU. La empresa, que había asegurado pedidos por valor de 25 millones de dólares para su fábrica en Michigan, se encontró en la imposibilidad de cumplir con ellos debido a la falta de certificación UL. Esta situación fue reportada por The News and Observer, resaltando que Natron había planeado crear empleo en Carolina del Norte a través de su nueva planta.
Obtener la certificación UL suele ser un proceso prolongado, que puede durar varios meses. Ante esta realidad, los inversores de Natron dudaron en liberar más fondos, lo que dejó a la startup con serias dificultades financieras. Además, Sherwood Partners, el principal accionista, intentó vender su participación sin éxito, llevando a la liquidación de la empresa y a la despido de todos los empleados, salvo un pequeño equipo encargado de gestionar el cierre.
El caso de Natron ilustra las complicaciones inherentes a la fabricación de baterías en un entorno de políticas industriales inconsistentes. Establecer una empresa desde sus inicios hasta alcanzar la capacidad de producción de gigawatt-horas puede tomar más de una década, superando muchos ciclos de negocio y fluctuaciones en el interés de los inversores.
La liquidación de Natron se llevará a cabo mediante un proceso conocido como “asignación para el beneficio de los acreedores”, que permite una venta de activos más rápida y silenciosa, a diferencia del complejo proceso judicial que conlleva muchas liquidaciones.
Un año atrás, Natron había anunciado planes para construir una gigantesca planta de baterías de sodio de 1.4 mil millones de dólares en Carolina del Norte, diseñada para producir una cantidad significativa de celdas anualmente y generar hasta 1,000 empleos. La empresa se enfocaba en mercados como el almacenamiento estacionario, donde la menor densidad energética de las baterías de sodio no representaba un gran obstáculo.
Aunque las baterías de sodio se perfilan como una alternativa más económica a las de iones de litio, la reciente guerra de precios del litio en China ha disminuido su atractivo. En los últimos dos años y medio, el precio del carbonato de litio ha caído un 90%, según Benchmark Mineral Intelligence.
Natron se une a una lista creciente de fracasos en la tentativa de manufacturar baterías en Occidente. En junio, Powin, con sede en Oregón, se declaró en quiebra debido a la falta de proveedores no chinos de celdas de fosfato de hierro y litio. Asimismo, Northvolt, un fabricante sueco de baterías y una de las esperanzas más grandes de Europa, también se declaró en quiebra tras quemar 100 millones de dólares mensuales, incapaz de lograr la producción a gran escala.
Estos fracasos resaltan la dificultad de establecer empresas de baterías fuera de Asia, donde se han desarrollado cadenas de suministro eficientes y una vasta experiencia en la industria. Para que EE. UU. o Europa puedan desafiar a los gigantes asiáticos de las baterías, será imprescindible contar con un apoyo gubernamental sostenido durante más de una década, evitando las volátiles políticas de los últimos 15 años. En este contexto, las alianzas con empresas como Panasonic, LG Energy Solution y SK Innovation parecen ser una estrategia más viable.
Por el momento, el futuro de la manufactura de baterías en Occidente parece interconectado con Asia, creando un panorama complejo para la industria. La información presentada tiene como base el estado de los eventos hasta la fecha de publicación original, el 2025-09-05.
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