En un giro inesperado, los viajeros en Estados Unidos se ven nuevamente despojados de la esperanza de recibir compensaciones automáticas en efectivo por parte de las aerolíneas en caso de que sus planes de viaje se vean perjudicados. La aclamada propuesta del Departamento de Transporte (DOT), establecida bajo la administración del expresidente Joe Biden, había anticipado la posibilidad de que los pasajeros pudieran reclamar entre $200 y $775 en compensaciones por retrasos significativos, acomodando gastos como comidas, hospedaje y transporte terrestre cuando los contratiempos fueran atribuibles a la aerolínea.
Sin embargo, el cambio de administración ha traído consigo la anulación de esta directiva el 5 de septiembre, bajo la premisa de que la eliminación de regulaciones consideradas excesivas se alinea con las prioridades del nuevo liderazgo. Este movimiento implica que los pasajeros estadounidenses siguen sin un derecho legal a compensación en efectivo por retrasos o la mayoría de las cancelaciones, dependiendo aún exclusivamente de las políticas internas de las aerolíneas y de las normativas de reembolso vigentes.
Este revés marca el culminar de un prolongado tira y afloja sobre el rol del gobierno en la regulación de las interrupciones en los viajes aéreos. La propuesta de Biden aspiraba a acercar a EE. UU. al marco EU261 de Europa, que indica la obligación de compensar a los usuarios si un problema causado por la aerolínea provoca retrasos de tres horas o más, exceptuando circunstancias extraordinarias como condiciones meteorológicas severas. Mientras los grupos de la industria argumentaban que tales regulaciones podrían elevar costos y reducir opciones para los consumidores, los defensores de los derechos de los pasajeros sostenían que tales medidas eran necesarias para establecer consecuencias significativas ante fallos que son controlables.
A pesar de la retirada de esta propuesta, el DOT ha implementado nuevas normativas de reembolso más flexibles que se espera entren en vigor en 2024. Estas normas obligan a las aerolíneas a emitir reembolsos automáticos en efectivo si los vuelos son cancelados o sufren cambios significativos, así como en situaciones donde el equipaje registrado se retrasa considerablemente o cuando los servicios adicionales pagados, como Wi-Fi, no son proporcionados. Aunque estas medidas son un avance en términos de claridad y rapidez para los viajeros, no constituyen una compensación por el tiempo y las molestias ocasionadas durante retrasos atribuibles a la aerolínea.
En la actualidad, lo que los viajeros obtienen en estas situaciones de “interrupciones controladas” (fallos en sistemas informáticos, mantenimiento de aeronaves, etc.) depende de las promesas públicas de cada aerolínea. El DOT ha desarrollado una herramienta denominada “Tablero de Cancelación y Retraso de Aerolíneas”, donde los pasajeros pueden consultar las políticas específicas que cada aerolínea se compromete a cumplir, tales como vales de comida tras tres horas de espera, noches de hotel para situaciones nocturnas, reubicación en vuelos de aerolíneas asociadas, entre otros. No obstante, estas promesas carecen de fuerza legal y su aplicación puede variar significativamente de una aerolínea a otra.
En resumen, la idea de que los viajeros estadounidenses recibirían automáticamente compensaciones en efectivo por las fallas de las aerolíneas se ha desvanecido por el momento. Aunque el panorama en cuanto a reembolsos ha mejorado notablemente, los pasajeros que deseen contar con el tipo de protección establecido en Europa aún se enfrentarán a la realidad de que estas normas no están disponibles en su país.
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