El papa Francisco no acepta la renuncia del arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, que este le presentó a finales de mayo como una forma de asumir su parte de responsabilidad ante los abusos sexuales a menores de algunos miembros de la Iglesia alemana. En una carta hecha pública por el Vaticano, Francisco admite que “toda la Iglesia está en crisis” a causa de los abusos y que no puede seguir adelante sin reconocerlo. “La política del avestruz no lleva a nada, y la crisis tiene que ser asumida desde nuestra fe pascual”, señala la misiva, publicada en castellano y con modismos argentinos, lo que indica que el Papa se ha ocupado personalmente de escribirla y no es un mero trámite burocrático.
“Querido hermano, ante todo gracias por tu coraje. Es un coraje cristiano que no teme la cruz, no teme anonadarse delante de la tremenda realidad del pecado”, empieza el Pontífice la misiva. Marx reconoció en su carta de renuncia el “fracaso institucional” de su archidiócesis a la hora de enfrentarse al escándalo de los abusos sexuales. “En esencia, se trata de compartir la responsabilidad por parte de miembros de la Iglesia en las últimas décadas”, le dijo al Papa, y admitió que se habían producido “fallos institucionales o sistémicos”, además de los personales. Una gran investigación reveló en 2018 que al menos 3.677 niños y adolescentes habían sido víctimas de abusos por parte de 1.670 perpetradores, miembros de la Iglesia católica alemana, en un periodo de casi sesenta años, entre 1946 y 2014.
Es habitual que los renunciantes escriban cartas y también que Francisco las rechace, pero es inusual que estas se hagan públicas, como sucedió la semana pasada con la de Marx y ahora con la del Pontífice. Marx, de 67 años, es un pilar de la jerarquía eclesiástica, no solo en Alemania, donde es uno de los obispos más conocidos del país —presidió la Conferencia Episcopal (DBK, en sus siglas en alemán) hasta el año pasado—, sino también en Roma, porque asesora directamente al Papa como miembro de la comisión cardenalicia. Se le considera un representante del ala progresista. Su dimisión, que argumentó como una forma de propiciar un nuevo comienzo, sacudió a la Iglesia católica. Marx no está acusado directamente de haber conocido abusos ni de ocultarlos.



