En un momento de creciente conciencia sobre el cambio climático, empresas globales como Amazon, Google, Microsoft y H&M están dirigiendo sus inversiones hacia el CDR (eliminación de dióxido de carbono duradero). H&M, por ejemplo, ha realizado una significativa compra de 10,000 toneladas métricas de CDR de Climeworks, destacándose como una de las adquisiciones más grandes hasta la fecha, con el objetivo de neutralizar las emisiones residuales de su cadena de suministro.
Mientras tanto, los gigantes tecnológicos han reafirmado sus compromisos de reducir emisiones antes de recurrir a las prácticas de eliminación de carbono, aunque organismos como el NewClimate Institute han expresado preocupaciones sobre el uso indiscriminado de CDR—tanto duradero como no duradero—como forma de presentar un progreso hacia el net-zero.
Por otra parte, TotalEnergies, en lugar de abordar el CDR, ha manifestado su apoyo a soluciones basadas en la naturaleza y a la captura y almacenamiento de carbono. Sin embargo, los enfoques de compensación a corto plazo, como la plantación de árboles, no son vistos como soluciones adecuadas para las emisiones de combustibles fósiles, según el NewClimate Institute.
A pesar de estas iniciativas, el propio Jonathan Overpeck, climatólogo de la Universidad de Míchigan, ha advertido que actualmente el panorama del CDR se asemeja a una “Wild West”, donde diversas entidades prometen acciones que podrían ser inviables. Según él, la reducción de emisiones debería ser la prioridad, en lugar de confiar excesivamente en el CDR duradero.
En un contexto alarmante, se estima que en 2023 solo se eliminaron 0.0023 gigatoneladas de CO₂ anualmente mediante estas metodologías, una cifra que palidece frente a la contaminación climática generada por combustibles fósiles y la industria del cemento.
El NewClimate Institute sostiene que las iniciativas voluntarias no sustituyen a objetivos de reducción de emisiones establecidos por instancias gubernamentales. Abogan por una definición más clara de lo que constituye “eliminación de carbono duradera”, además de sugerir que las empresas asuman responsabilidades proporcionales de CDR basadas en sus emisiones pasadas y actuales.
Asimismo, se recomienda que las empresas establezcan metas separadas para la reducción de emisiones y el apoyo a CDR duradero. Todo ello en un esfuerzo por crear una jerarquía en las acciones climáticas que priorice la mitigación antes que la compensación.
Mooldijk ha señalado que las iniciativas voluntarias pueden incentivar inversiones en CDR duradero si se reconocen adecuadamente las “contribuciones climáticas” de las empresas. Esto podría manifestarse en declaraciones sobre sus aportes financieros a CDR, en lugar de en reclamaciones sobre la cantidad de CO₂ que supuestamente han neutralizado.
Por último, esta serie de recomendaciones ha sido presentada a la Science-Based Targets initiative, la cual está preparándose para actualizar sus estándares de net-zero con nuevas orientaciones sobre el uso de CDR. A su vez, la Organización Internacional de Normalización está trabajando en estándares que podrían limitar algunas de las afirmaciones más cuestionables sobre el clima realizadas por las empresas, al tiempo que fomentan el apoyo a CDR duradero.
El asesoramiento y la regulación adecuada de los compromisos climáticos corporativos, incluido el CDR duradero, recaerán en última instancia en el ámbito gubernamental. Es fundamental que las empresas no encubran su inacción en materia de descarbonización tras inversiones en eliminaciones de carbono. Esta discusión será crucial mientras avanzamos hacia un futuro más sostenible.
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