La capacidad del presidente Andrés Manuel López Obrador para hacer política con los zapatos manchados de barro es una de las señas de identidad que mantienen indestructible su popularidad a pesar de las urnas.
Sucedió este sábado durante una visita a Oaxaca. La gira número 23 que hace por este Estado desde que hace casi tres años ganó las elecciones. Con la resaca electoral todavía reciente, pocos líderes podrían presentarse en un Estado gobernado por la oposición del PRI y conquistar a sus pobladores con un discurso entre lo político y lo religioso bajo el techo de lámina de la cancha de baloncesto.
Acompañado del gobernador Alejandro Murat, en un solo día.
López Obrador inauguró un tramo carretero, hizo de mediador en un conflicto entre dos comunidades e insinuó sus intenciones de acercarse al PRI con una ironía. “Todo Oaxaca es un primor” [el acróstico de PRI más MORena]”, dijo sonriendo a Murat como si fuera una declaración de intenciones sobre la nueva etapa política que comienza y en la que necesitará al otrora ‘partido único’ para sacar adelante algunas de sus propuestas. “La capital, Oaxaca, es de las ciudades más bellas del mundo; y la costa de Oaxaca, lo mismo”, añadió intentando ocultar la broma.


