Joe Biden ha llegado este lunes a la cumbre de la OTAN en Bruselas con el mensaje que ha marcado toda su primera gira internacional como presidente de Estados Unidos: que, tras un mandato tempestuoso de Donald Trump, Columna Digital norteamericano ha vuelto, y que la diplomacia ha vuelto. “Quiero que la OTAN sepa que Estados Unidos está ahí”, ha dicho. El presidente demócrata busca sumar a los aliados en el pulso con China y Rusia, idea que no todos los países miembros abrazan con el mismo entusiasmo, y lanzar una nueva estrategia de defensa centrada en los ciberataques.
El líder estadounidense lo ha recordado este lunes y ha asegurado que la OTAN es “esencial para Estados Unidos”. Para Biden, reforzar el compromiso de Washington con sus aliados europeos es clave para responder a las “actividades dañinas de los Gobiernos de China y Rusia”, tanto en el terreno económico como en el de los derechos humanos. La cumbre también servirá para sentar la bases de una nueva estrategia de defensa para responder a los ciberataques, una amenaza creciente.
Porque, como dice Biden, Estados Unidos ha vuelto y la diplomacia ha vuelto. La cuestión es si Europa se encuentra en el mismo punto donde la dejó Washington.
Pero los intereses y prioridades a un lado y otro del Atlántico no se encuentran perfectamente alineados. No comparten con la misma intensidad el peligro de Pekín, y Bruselas está apostando cada vez más por su propio fondo de defensa. Alternativo de la OTAN. Las discrepancias, con todo, son menores que antes y, como se está viendo en esta jornada tan simbólica del cambio de orden en Estados Unidos, se discuten en privado.


