El panorama económico en México en 2025 se presenta marcado por un estancamiento preocupante, cuya raíz parece encontrarse en las decisiones de políticas públicas adoptadas en los últimos años. La administración actual, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, hereda un modelo que, hasta ahora, no ha logrado impulsar el crecimiento económico necesario para el país.
Desde 2019, con la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la economía mexicana ha sufrido un notable retroceso. Un informe del Financial Times calificó esa decisión como “la más estúpida de la historia económica moderna”, señalando la magnitud de su impacto. Este proyecto, que no habría requerido inversión directa del gobierno, terminó trasladando un costo visible a los ciudadanos, afectando gravemente la confianza inversionista tanto interna como externa. Alrededor de 500,000 millones de pesos en bonos aún están pendientes de liquidar, revistiendo una carga financiera considerable para el país.
Las cifras recientes son alarmantes. Entre julio y septiembre de este año, el crecimiento económico ha caído un -0.3%, y los pronósticos para el crecimiento anual apenas oscilan entre 0.1% en 2023 y 0.5% en años previos, evidenciando un estancamiento real. A pesar de que el gobierno ha invertido 52 billones de pesos —incluyendo 10 billones de deuda—, estos recursos no han logrado detonar un futuro económico próspero.
Los comparativos con Brasil son desalentadores. Mientras la economía brasileña, que en 2018 era del tamaño de la mexicana, ha crecido un 17%, captando inversiones por 80,000 millones de dólares anuales, México parece ir en dirección opuesta, con la inversión extranjera acumulando solo 41,000 millones de dólares. Esta diferencia en desempeño pone de relieve un ambiente económico local que ofrece pocos incentivos para la expansión o creación de nuevos negocios.
La inestabilidad generada por constantes cambios normativos, sumada a la creciente inseguridad y a una inflación descontrolada, está llevando a los emprendedores mexicanos a una actitud defensiva: invertir solo lo necesario para mantener sus negocios, en vez de arriesgarse a expandir o innovar.
La falta de un modelo económico claro es evidente, mientras el gobierno parece enfocado en la promoción de productos como café, gas, maíz y chocolate, sin un esquema de desarrollo que favorezca un crecimiento sostenido. Este contexto propicia un camino sombrío hacia una década perdida.
A medida que las proyecciones se ajustan hacia lo negativo, la economía mexicana se enfrenta a un momento crítico. Sin una estrategia que priorice la inversión y la confianza, el futuro económico aún se define en términos inciertos y riesgosos. Los agentes económicos siguen esperando definiciones claras, en un escenario donde el desarrollo es, hasta el momento, prácticamente nulo.
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