El miércoles pasado, el Congreso de la Unión tomó una decisión histórica al aprobar la propuesta de la Presidenta de la República para incrementar aranceles a productos provenientes de países con los que México no mantiene tratados comerciales. Aunque la titular del Poder Ejecutivo tiene la facultad de modificar aranceles de manera unilateral, este proceso se envió al legislativo para su análisis y discusión, lo que permitió un diálogo constructivo con diversas industrias afectadas.
Esto implica un aumento en los aranceles que oscila entre el 10% y el 50% para cerca de 1,460 fracciones arancelarias. Afectará principalmente a bienes importados de países asiáticos, que han competido deslealmente con productos locales, poniendo en riesgo a sectores estratégicos como el textil, calzado, juguetes, acero, automotriz y electrodomésticos. En este contexto, la balanza comercial con China resulta abrumadora, con cifras que revelan que por cada dólar exportado a ese país, México importa aproximadamente doce. Esta tendencia es claramente insostenible.
Los especialistas estiman que las nuevas medidas arancelarias, acompañadas de otras políticas industriales, ayudarán a preservar alrededor de 350,000 empleos en las industrias más afectadas por estas importaciones masivas. La elección es clara: proteger a estos sectores es fundamental para mantener sus operaciones y su capacidad para generar empleo en el país.
El indicador de consumo privado del INEGI refleja que entre septiembre de 2024 y agosto de 2025 hubo un incremento del 2.1% en el consumo total. Sin embargo, el gasto en bienes importados se disparó en un 9%, mientras que el consumo de productos nacionales disminuyó en un 0.3%. Esta realidad pone de relieve que el mayor poder adquisitivo de las familias mexicanas no está transformándose en un motor para la economía nacional. Este fenómeno se ha intensificado desde 2021, coincidiendo con un aumento de productos asiáticos en el mercado.
En un escenario global caracterizado por cambios en las estrategias comerciales y un creciente proteccionismo, muchos países están adoptando medidas que hace años habrían considerado impensables. Este nuevo entorno obliga a México a implementar estrategias que, en épocas más estables, quizás no se habrían contemplado. El objetivo principal es situar a nuestras industrias en una posición más favorable, preservando empleos y fortaleciendo capacidades productivas.
Resulta esencial no solo proteger, sino también fortalecer la capacidad manufacturera que se ha construido durante décadas de inversión y capacitación. Las nuevas políticas arancelarias deben ir acompañadas de un sólido plan industrial que contemple financiamiento, comercialización, formación de talento y simplificación regulatoria. También es vital fomentar sectores con alto potencial exportador, como la industria farmacéutica y la electrónica.
Un aspecto central de la estrategia recientemente aprobada es su flexibilidad. Esto permitirá al gobierno ajustar los aranceles y adaptarse a condiciones globales cambiantes, corrigiendo disrupciones y aprovechando nuevas oportunidades. En un mundo cada vez más volátil, esta adaptabilidad resulta fundamental para maximizar beneficios y evitar efectos indeseados.
Es importante recordar que la política industrial no es una ciencia exacta y siempre conlleva incertidumbres. Sin embargo, actuar y ajustarse en tiempo real es preferible a la inacción, especialmente en un entorno global que cambia rápidamente.
La orientación económica de México continuará enfocándose en Norteamérica, donde se presentan oportunidades significativas de integración, pero también se deben explorar vínculos sólidos con Europa, América Latina y naciones como Japón y Corea. Con respecto a China y otros países asiáticos, la meta debe ser desarrollar relaciones comerciales equilibradas que permitan aprovechar su tecnología, sin comprometer la viabilidad de la producción nacional.
Al final, la clave está en posicionar a México de manera estratégica en el escenario global, fortaleciendo nuestras ventajas competitivas y, sobre todo, nuestro potencial de empleo.
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