El Museo Nacional de Arquitectura se ha transformado en un punto de encuentro entre dos de las figuras más representativas del siglo XX en México: el urbanista Mario Pani y el fotógrafo Guillermo Zamora Serrano. La exposición, que abrió sus puertas el 13 de diciembre de 2025 y estará disponible hasta el 3 de mayo de 2026, ofrece una profunda mirada a las aspiraciones de modernidad que emergieron tras la Revolución Mexicana.
Bajo el título “Quimeras modernistas”, la muestra reúne 60 reproducciones fotográficas en mediano formato y ocho fotomurales, la mayoría en blanco y negro, junto a un video que permite apreciar un enorme tríptico visual. Aquí se revela no solo la obra arquitectónica de Pani, sino también la manera en que Zamora capturó la esencia de un México en transformación. La curadora del proyecto, Rocío Guerrero, enfatiza que “los gobiernos posrevolucionarios entendieron que la educación y la cultura eran claves para generar un nuevo México”.
Dividida en tres secciones, la exposición exhibe cómo Mario Pani, quien vivió entre 1911 y 1993, fue fundamental para moldear la urbanización del país. Sus icónicas edificaciones, entre las que destacan el Conservatorio Nacional de Música y la Torre Banobras, no solo simbolizan el progreso arquitectónico, sino también una visión integral de la vida urbana. Guerrero afirma que Pani no fue solo un arquitecto, sino un urbanista comprometido con la calidad de vida de los ciudadanos, quien introdujo innovaciones en los conjuntos habitacionales, tales como albercas, guarderías y áreas verdes.
Guillermo Zamora, por su parte, cuya carrera se extendió desde 1915 hasta 2002, inmortalizó estos cambios a través de su lente. Con una formación como artista plástico, su fotografía no solo captura la estructura de los edificios, sino también la vida cotidiana que fluye a su alrededor. Su obra, que detalla tanto la belleza monumental de las construcciones como momentos íntimos de los residentes, se nos presenta como un relato visual de las quimeras que dieron forma al nuevo paisaje mexicano.
La exposición también incluye diseños y proyectos que nunca se concretaron, como un ambicioso plan de urbanización desde la Glorieta de la estación Insurgentes hasta la glorieta de Cuauhtémoc en Paseo de la Reforma. Asimismo, se destaca el impacto de Pani en el desarrollo turístico de Acapulco, con icónicos proyectos como el Club de Yates y el antiguo aeropuerto, que ayudaron a definir la identidad del destino durante sus años de esplendor.
“Quimeras modernistas” es posible gracias a la colaboración del Tecnológico de Monterrey y su Archivo Mario Pani, que desde 2016 se encuentra inscrito en el Registro de Memoria del Mundo de la UNESCO. Esta exposición no solo celebra la arquitectura y la fotografía, sino que también invita a reflexionar sobre las visiones de un México moderno, un país que ha seguido adaptándose y reinventándose a lo largo de las décadas. Queda abierta una invitación para todos aquellos que deseen sumergirse en este viaje a través del tiempo y la creatividad.
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