Recientemente, mientras escuchaba música en una plataforma de streaming, me encontré con una letra que, a pesar de su antigüedad, resonó profundamente. La canción en cuestión, lanzada en 1936, cuenta con una letra de Enrique Dizeo y una melodía de Ángel Cabral. Conocida por su emotivo contenido, uno de sus versos destaca por una peculiaridad gramatical: “porque el fuego de tus lindos ojos negros / alumbraron el camino de otro amor”.
Lo que resulta intrigante es la incongruencia entre el sustantivo “fuego”, que está en singular, y el verbo “alumbraron”, en plural. Este anacoluto no es un simple error; invita a cuestionar si el letrista, al sumergirse en la rica melodía, dejó de lado una atención meticulosa a la gramática. Tal fenómeno no solo revela las particularidades del lenguaje musical, sino también cómo el ritmo y la emotividad pueden desviar nuestra atención de las reglas estándar del idioma.
Esta canción, representativa del tango argentino, ilustra la riqueza y complejidad del género, que, a lo largo de los años, ha logrado cautivar a diversas generaciones, desde su origen en los barrios porteños hasta su llegada a escenarios internacionales. La letra, llena de sentimientos y matices, se convierte en una plataforma donde cada oyente puede proyectar sus propias experiencias y emociones.
La música, en este caso, nos recuerda que el arte no siempre se ciñe a las mismas normas que lo cotidiano. En muchas ocasiones, la belleza se halla precisamente en esas pequeñas transgresiones que, aunque puedan parecer errores desde una perspectiva gramatical, enriquecen la expresión artística. Así, la obra de Dizeo continúa siendo un baluarte de la lírica de su tiempo y nos invita a reflexionar sobre cómo el lenguaje puede transformarse en vehículo de sentimientos profundos, aun a costa de la precisión gramatical.
A medida que celebramos la cultura musical, es esencial reconocer y valorar esas singularidades que, lejos de restarle valor al mensaje, lo realzan. En un mundo que tiende a medir la calidad por estándares estrictos, recordemos que el arte, en su esencia, es un espacio de libertad y creatividad. Esto nos lleva a una constante reevaluación de lo que consideramos correcto, permitiendo que la música y la poesía sigan siendo fuentes inagotables de inspiración y reflexión.
Cada vez que escuchamos una canción que nos toca el corazón, más allá de las reglas gramaticales, es un testamento del poder de la música para iluminar nuestras vidas.
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