Veinte años atrás, un joven Andrés Manuel López Obrador, entonces candidato presidencial y fundador de Morena, hizo una inesperada parada durante un partido de béisbol en El Fuerte, Sinaloa. Aquella anécdota, compartida por Imelda Castro Castro, actual senadora de Morena y aspirante a gobernar Sinaloa, marcó el inicio de una carrera en la que Castro ahora busca posicionarse en el competitivo campo político del estado, considerado uno de los más peligrosos de México.
La situación actual en Sinaloa se presenta como un verdadero polvorín. La presidenta Claudia Sheinbaum, primera mujer en ocupar el cargo, enfrenta la presión creciente del narcotráfico y la inseguridad. La senadora Castro, que ha adoptado un perfil bajo en su búsqueda de la candidatura para gobernar el estado, está decidida a consolidar su posición entre los candidatos de Morena, un partido que, junto a sus aliados PVEM y PT, planea postular a mujeres en al menos diez de los diecisiete estados que renovarán gobierno en 2027.
Castro cuenta con el reto de erigirse como la primera gobernadora en un estado marcado por la historia de capos del narcotráfico, como Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada. A pesar de que su camino está lleno de obstáculos, la política sinaloense da señales de que el tiempo podría estar a su favor, con encuestas internas sugiriendo que se encuentra en una posición competitiva para la candidatura.
Un enfrentamiento inminente también la aguarda en su partido. Otros aspirantes, como Teresa Guerra, presidenta del Congreso local, cuentan con el apoyo del actual gobernador Rubén Rocha, quien ha enfrentado múltiples controversias, lo que podría complicar aún más la dinámica política. Las encuestas ya han comenzado a jugar un papel crucial en la selección de candidatos, y Castro mantiene un equipo dedicado a impulsar su visibilidad entre los votantes, a pesar de que, en público, evita confirmar sus ambiciones.
La campaña política se torna más intensa a medida que se acercan las elecciones, con denuncias por actos anticipados de campaña surgiendo de partidos opositores como el PAN y Movimiento Ciudadano. Castro ha tenido que lidiar con este nuevo entorno hostil, donde las alianzas políticas y las acusaciones pueden ser decisivas. Además, enfrenta rumores e insinuaciones que vinculan su imagen con figuras polémicas, lo que añade una capa extra de complejidad a su avance.
Sin embargo, la senadora Castro se muestra resiliente y astuta, cuidando cada movimiento en un terreno minado por rivalidades y tensiones internas. En los próximos meses, la atención se centrará en sus posibles declaraciones y estrategias, ya que planea hacer públicas sus aspiraciones en las semanas iniciales de 2026. De aquí a entonces, puede que sus ambiciones se vean cristalizadas o, en su defecto, puestas en entredicho ante el voraz panorama político que define a Sinaloa. En un juego donde las cartas están sobre la mesa, cada decisión y cada paso de Castro podría determinar su futuro en la contienda que se avecina.
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