China se ha consolidado como un actor clave en el sector petrolero de Venezuela, un país que ha visto su producción de crudo desplomarse debido a años de ineficiencia, falta de inversión y las sanciones impuestas por Estados Unidos. Con la reciente captura de Nicolás Maduro, el presidente Trump ha manifestado su intención de reactivar este estratégico sector, lo que añade un nuevo componente a la relación entre ambos países.
Hasta el año pasado, la producción de petróleo en Venezuela se encontraba en alrededor de 1.1 millones de barriles por día (bpd), un notable descenso desde los 3.5 millones bpd alcanzados a finales de la década de 1990. Esta caída se ha visto acentuada por la falta de inversiones significativas y la crisis económica que afecta al país.
Un aspecto destacable de esta interacción es el papel de China como un gran cliente de petróleo venezolano. Gran parte del crudo exportado por Venezuela se destina a China, aunque muchas de estas importaciones son reportadas con poca transparencia, a menudo bajo diferentes denominaciones. En 2025, las importaciones chinas de crudo venezolano alcanzaron aproximadamente 470,000 bpd, lo que representó un 4.5% de las compras chinas de crudo por vía marítima. Las pequeñas refinerías independientes, conocidas como “teteras”, constituyen los principales compradores de crudo venezolano con precios descontados. Estos intercambios también sirven para saldar parte de la deuda que Caracas tiene con Pekín, que supera los 10,000 millones de dólares.
Desde 2016, China ha invertido alrededor de 2,100 millones de dólares en el sector petrolero venezolano. Estas inversiones provienen de compañías estatales como la China National Petroleum Corp. (CNPC), que fue un importante inversor antes de que se implementaran las sanciones de 2019. Aunque CNPC detuvo la extracción de petróleo en ese año, aún mantiene su participación en una empresa conjunta llamada Sinovensa, que continúa produciendo crudo en el país. Esta asociación controla reservas estimadas en 1,600 millones de barriles.
Otra empresa clave es el Sinopec Group, que también tiene una participación significativa en Venezuela, controlando aproximadamente 2,800 millones de barriles de reservas. Sin embargo, hasta ahora, ambas compañías no han proporcionado comentarios sobre su situación actual en el país.
Por su parte, empresas privadas como China Concord Resources Corp. están incursionando en el sector, planeando invertir más de 1,000 millones de dólares en dos yacimientos petroleros para aumentar la producción a 60,000 barriles diarios para finales de 2026. Otras empresas, como Kerui Petroleum y Anhui Erhuan Petroleum Group, también han recibido contratos para la producción de petróleo en 2024, aunque no está claro si estos acuerdos están activos, dada la crisis en el sector.
La interacción entre Venezuela y China en el ámbito petrolero es un fenómeno complejo que refleja no solo las dinámicas de la economía global, sino también las dificultades internas de Venezuela. A medida que se avanza en este 2026, el futuro de la producción petrolera y la relación bilateral entre ambos países continuarán siendo un tema de interés crucial en el contexto geopolítico actual.
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