Cada mañana, una batalla. Andrés Manuel López Obrador siempre ha hecho de la confrontación y de la campaña permanente su caja de herramientas para vivir la política. La guerra de trincheras le trajo éxitos electorales en una sociedad deseosa de cambio y harta de la corrupción y gracias a esa estrategia mantiene el pulso con los que considera sus adversarios desde la tribuna de sus conferencias de prensa matutinas.
Los resultados de las elecciones del 6 de junio llevaron al presidente de México a señalar a un nuevo enemigo: la clase media. Morena, el partido oficialista, amplío su poder territorial, pero se dejó por el camino más de tres millones de votos desde 2018. La caída se tradujo, en esencia, en la pérdida de cuatro alcaldías de Ciudad de México y en una mayoría holgada en la Cámara de Diputados, aunque por debajo de las expectativas del mandatario. Y en su opinión, los culpables pertenecen a un amplio sector de la población, sobre todo urbana.

Fuga de votos al PAN
“No me parece la estrategia tenga mucho que ver con un cálculo político. Él está intentando persuadir, hablando de este perfil de ciudadano egoísta, poco solidario. Pero está también cuestionando las aspiraciones del promedio de los mexicanos. Está abarcando a una gran cantidad de gente y es allí donde está sobreestimando su capacidad de persuasión”, señala Abundis. “Está molesto con los resultados por un lado, y por otro cree que puede convencer con ese discurso, ya que lo ha hecho con muchos otros. Pero aquí creo que su alcance es algo más limitado”.
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Según su análisis, el margen de apoyo, que se ha mantenido en cotas muy elevadas después de tres años de Gobierno y desgaste, se está estrechando. En definitiva, si en 2018 Morena era una formación bastante transversal, ahora ya no lo es tanto. “En términos electorales no es una estrategia que trae réditos. Recordemos que López Obrador tiene una victoria avasalladora en el 2018 al conjuntar el voto de las clases populares, que arrebata del PRI, con el de la clase media urbana con un nivel educativo alto”, señala Rodríguez.
Nuevo salto en la polarización
Un nuevo salto en la polarización que para Humberto Beck, profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México, supone un ejemplo de cómo se ido ha trasformado el discurso del presidente en el transcurso de estos casi tres años en el poder, acusando el desgaste y, sobre todo, el primer revés electoral serio, representado por los resultados en Ciudad de México. “López Obrador mantiene la estructura dicotómica del ‘nosotros contra ellos’ que lo constituye como un político populista pero ahora ha modificado las composición de esos objetos antagónicos”, apunta el académico
Primero lo pobres
“El concepto más amplio de pueblo que manejaba de López Obrador en su discurso dicotómico había logrado incluir estas capas medias a modo posideológico por sus demandas de mejora social o lucha contra la corrupción. Pero ahora parece que su definición de pueblo es cada vez más estrecha, casi limitada a los beneficiarios de programas sociales”, añade el profesor del Colmex.

Uno de los lemas centrales de la campaña de 2018 fue “primero los pobres”. Una consigna que sintetiza el ideario progresista de que combatir las desigualdades, la pobreza y la exclusión contribuye a un beneficio colectivo de toda la sociedad. La meta de un México con mayor cohesión social, capaz de atajar la violencia y la corrupción, es una de los ideas fuerza transversales que atrajeron un voto mayoritario por Morena. “Ese énfasis en darle un lugar privilegiado a los desfavorecidos ha sido muy positivo, pero lo que ha cambiado es el tono o la manera de articular ese discurso. Las presiones y el desgaste del poder están subrayando las aspectos más limitados de la figura política del presidente”, añade Beck.
“El amor a los pobres no debería confundirse con el amor a la pobreza, no si es que queremos salir de ella”, ha escrito esta semana el periodista Jorge Zepeda Patterson en una de sus columnas. El analista señala que “lo que parecía una decisión táctica terminó convirtiéndose en una posición ideológica; en algún momento comenzó a desdeñar las otras banderas e incluso a enfrentarse a ellas”. Tanto Zepeda como como Beck coinciden en identificar “una peligrosa romantización de la pobreza”. El pueblo como una construcción idealizada, como “un ente petrificado, congelado en ese estado social porque de algún modo López Obrador cree que es más dócil para su liderazgo”, cierra el profesor del Colmex.
“El enigma chilango”
Lo sucedido en Ciudad de México es, por lo simbólico y el número de votantes, especialmente significativo. El mapa de la capital, exhibido por el propio presidente en sus comparecencias, es elocuente. El este, pintado de guinda donde ganó Morena, y el oeste, en color azul donde ganaron los partidos de oposición. La imagen provocó debates sobre clasismo y polarización política y dio pie a todo tipo de falsas polémicas e incluso memes: desde qué equipo de fútbol tenía más aficionados en cada parte de la capital hasta comparaciones con la división de Berlín durante la Guerra Fría.


