En un contexto de creciente tensión política en Honduras, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se reunió el 12 de enero de 2026 con el presidente electo, Nasry Asfura, en la sede del Departamento de Estado. La reunión, celebrada a puerta cerrada sin la presencia de la prensa, se produce tras unas elecciones polémicas, en las que Asfura fue proclamado ganador el 24 de diciembre a pesar de las denuncias de fraude. Estos comicios, que se llevaron a cabo el 30 de noviembre, estuvieron marcados por la intervención del entonces presidente estadounidense, Donald Trump, quien brindó su apoyo a Asfura durante la campaña.
El encuentro entre Rubio y Asfura tuvo como temas centrales la lucha contra la delincuencia transnacional, el fortalecimiento de la seguridad regional, la atracción de nuevas oportunidades de inversión y la acentuación de esfuerzos para erradicar la inmigración ilegal. Además, se discutió la situación en Venezuela, resaltando la importancia de la cooperación bilateral en materia de seguridad, que incluye el mantenimiento del tratado de extradición y el intercambio de información.
Nasry Asfura, de 67 años, enfrentó un clima electoral intensamente disputado, en el que el excandidato Salvador Nasralla, quien perdió por un margen de menos de un punto porcentual, también denunció irregularidades. A pesar de que el Consejo Nacional Electoral había afirmado que el 97.8% de las actas ya estaban computadas, el gobierno saliente de la presidenta Xiomara Castro promovió un decreto para continuar el escrutinio electoral, un movimiento que el Consejo consideró “inconstitucional e ilegal”.
Xiomara Castro ha expresado que los resultados de las elecciones están “viciados de nulidad”, argumentando que hay una injerencia directa de Trump en el proceso electoral. En una crítica adicional, la presidenta cuestionó el indulto otorgado por Trump en diciembre al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena en EE. UU. por delitos de narcotráfico y fue aliado político de Asfura.
Ana Paola Hall, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), se unió a las críticas de Castro, destacando que cualquier acción realizada bajo las directrices del gobierno saliente resultan en una “usurpación” de las atribuciones del organismo electoral, añadiendo que tales decisiones no son vinculantes.
Este panorama revela un momento decisivo para la política hondureña, en el que la legitimidad de las elecciones y el futuro de la cooperación estadounidense se encuentran en el centro del debate nacional. La situación continúa desarrollándose, y será fundamental observar cómo se resolverá esta crisis electoral.
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