Pocos ciudadanos en Francia, y aún menos fuera del país, conocían hasta hace poco el papel crucial que desempeña el Centre national des arts plastiques (CNAP), una agencia gubernamental creada en 1982 para apoyar a los artistas contemporáneos y preservar su obra. A pesar de su naturaleza fundamental, su presencia ha sido hasta ahora discreta. Sin embargo, en los últimos seis meses, dos informes gubernamentales han puesto al CNAP en el centro de la atención pública, impulsados por la creciente inversión privada y el auge de galerías internacionales.
Este interés renovado resalta una tensión más profunda en la percepción del valor cultural entre diversos sectores políticos. Como señala el sociólogo Laurent Jeanpierre, el actual gobierno de Macron y sectores más conservadores argumentan que el gasto público es excesivo y que es necesario reducir el tamaño del estado. La situación del arte contemporáneo en Francia ha hecho que este conflicto se torne visible.
En julio, Martin Bethenod, exdirector del Palazzo Grassi en Venecia, publicó un informe para el Ministerio de Cultura en respuesta a las críticas de la ministra Rachida Dati. A pesar del dinamismo de la escena artística contemporánea en Francia, muchos artistas locales se sienten marginados. Bethenod propuso un cambio en la política de adquisiciones del CNAP, sugiriendo que se incremente la representación de artistas y galerías locales en las colecciones.
Por otro lado, en noviembre, la Cour des Comptes, la oficina de auditoría del estado, emitió un informe duro sobre las finanzas del CNAP. Su autor, Julien Aubert, destacó la fragilidad administrativa de la agencia y su grave situación presupuestaria. Según sus hallazgos, más de 46,000 obras están almacenadas y cerca de 24,500 nunca han sido exhibidas. Aubert propuso el cierre del CNAP para 2030, argumentando que su gasto operativo es desproporcionado en comparación con sus inversiones en arte.
Las reacciones no se hicieron esperar. Artistas y profesionales del sector criticaron fuertemente este informe, considerándolo no solo un ataque contra el CNAP, sino también un ataque ideológico a la cultura como servicio público. Unos 1,000 expertos, incluyendo directores de importantes instituciones artísticas, firmaron una carta abierta denunciando esta percepción negativa.
Jean-Michel Tobelem, experto en políticas culturales, defendió la importancia del CNAP, cuyo presupuesto anual de 18.4 millones de euros es minúsculo comparado con los costos del Museo del Louvre, que ascienden a unos 300 millones. Desde su fundación en 1791, el CNAP ha respaldado a numerosos artistas, y ha proporcionado ayudas significativas, sobre todo durante la pandemia. Este organismo custodia el Fonds national d’art contemporain, una colección que refleja el estado del arte contemporáneo en Francia.
Ambos informes cuestionan la visibilidad de Francia en la escena internacional del arte, aunque Jeanpierre aclaró que esa no era la función del CNAP. La agencia se centra en fomentar un rico tejido artístico, sin juzgar su éxito únicamente por su reconocimiento internacional o por los precios de mercado.
En un contexto donde la cultura se debate entre la austeridad y la inversión, la resistencia del CNAP pone de relieve la importancia de mantener un espacio para la creación artística, incluso si esa creación no siempre se mide en términos de fama o dinero.
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