El escenario de inversión en México para 2026 se perfila de manera inquietante, marcado por la incertidumbre y la necesidad de cambio. Recientemente, General Motors anunció una inversión significativa de 1,000 millones de dólares, y Pilgrim’s se comprometió con 1,300 millones. Sin embargo, los datos del INEGI revelan una caída alarmante del 5.9% en la inversión durante los primeros diez meses de 2025 en comparación con el mismo período del año anterior.
Esta tendencia a la baja en la inversión no es trivial; impacta directamente en el crecimiento del PIB y en la creación de empleo. Con un crecimiento del 0.4 o 0.5% para 2025, y con solo 70,000 nuevos empleos formales, el contexto es preocupante. También, la inversión pública sufrió un desplome histórico, cayendo un 20.2%, una cifra no vista desde el primer año de la administración de Ernesto Zedillo.
La inversión privada se ha comportado de manera negativa, con una caída del 4.9% en el mismo período, a pesar de que aún se registró un monto récord de inversión extranjera, alcanzando 40,900 millones de dólares en los primeros nueve meses del año. Esto resalta un fenómeno curioso: aunque la inversión extranjera parece florecer, la inversión nacional se mantiene estancada.
El análisis de Morgan Stanley califica este estado como un “limbo de inversión”, donde, a pesar de un potencial significativo, la inversión nacional se muestra tímida y reacia. Según una encuesta de Coparmex, solo el 39.5% de las empresas consideran que es un buen momento para invertir, un nivel comparable al que se registró durante los momentos más críticos de la pandemia. La incertidumbre económica, la inseguridad y un entorno político volátil están entre las principales preocupaciones de los empresarios.
De la cotidianidad de la inseguridad en México, un preocupante 46.8% de las empresas encuestadas informó haber sido víctima de un delito. Las preocupaciones por robos de mercancías y extorsiones se reflejan en un clima inhóspito para las inversiones.
Ante esta situación, surge la pregunta: ¿puede México salir de este limbo inversor? La inversión pública, por su parte, tiene un margen limitado para generar impulso debido a un servicio de deuda en aumento y a compromisos sociales. Sin embargo, el gobierno podría enviar señales claras a los inversionistas, estableciendo reglas transparentes y garantizando certidumbre jurídica. Es notable la reciente llamada de la secretaria de Energía, Luz Elena González, a los empresarios para que inviertan, un gesto que no se había visto desde 2018.
Para que México logre generar el dinamismo que tanto necesita, es clave detonar la inversión privada. Las áreas de energía e infraestructura son especialmente críticas. Las inversiones en estos sectores son fundamentales para facilitar otros proyectos; la capacidad actual de suministro de electricidad y agua presenta cuellos de botella que deben ser resueltos.
Morgan Stanley, en su análisis sobre América Latina, sugiere que la región podría experimentar un renacer en términos de inversión y crecimiento, señalando que el contexto internacional actual podría beneficiar a aquellos países que se preparen adecuadamente.
En este panorama cada vez más complejo, la pregunta persiste: ¿será posible para México trascender este limbo de inversión? Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán determinantes para definir el rumbo económico del país.
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