Yoselin López, una joven hondureña, llegó a Ciudad Juárez en un frío día del 20 de enero de 2025. En su mano llevaba a su hijo Mateo, de solo dos años, mientras que su barriguita de siete meses anticipaba la llegada de otro hijo. Tras un agotador viaje desde Tegucigalpa, en el que atravesaron México en el tren conocido como La Bestia, se encontró con un clima helado que reflejaba su situación. Apenas tres días después de su llegada, Yoselin tenía agendada su cita para solicitar asilo en Estados Unidos.
Sin embargo, en su retorno a la Casa Blanca, Donald Trump tomó decisiones que todos esperaban. En un giro inesperado, cerró la plataforma que facilitaba las solicitudes de refugio, marcando el inicio de un cambio drástico en la política migratoria. Un año más tarde, el entorno había cambiado drásticamente: Mateo correteaba en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, mientras Yoselin aguardaba un vuelo humanitario de regreso a su país. Aunque la situación había sido complicada, lo peor parecía haber pasado.
La frontera entre México y Estados Unidos, no solo un simple segmento de tierra, se asemeja a un organismo sufriente, desgarrado por un muro que divide en dos un mismo territorio. A medida que Donald Trump firmaba su primera serie de medidas presidenciales, la presión se sentía intensamente en Juárez. En esos momentos, Margelis Tinoco, una migrante colombiana, se desvanecía al enfrentar un futuro incierto a las puertas del asilo.
Rodolfo Rubio, investigador del Colegio de Chihuahua, plantea que, aunque el miedo fue omnipresente, a un año de esos acontecimientos, la percepción ha cambiado: “La frontera se adapta, y los efectos se verán a largo plazo”. Juárez, con su población cercana al millón, ha experimentado crisis de múltiples tipos, pero ha revelado una notable flexibilidad. La industria se ha ajustado, y a pesar de que se han registrado pocos deportados, la situación de los migrantes sigue siendo tensa.
En los primeros meses de 2025, el número de deportaciones de mexicanos alcanzó una cifra sin precedentes: solo 144,000, lo que representa una disminución significativo en comparación con años anteriores. Las carpas de emergencia, levantadas por el gobierno para atender deportados, quedaron prácticamente vacías, desbordadas por un flujo migratorio que no se materializó. La política de Trump, que eliminó aplicaciones como CBP One para pedir asilo, hizo que obtener refugio en Estados Unidos se volviera casi imposible.
Esta situación ha conducido a una notable baja en los movimientos migratorios, tanto en las detenciones en la frontera como en los cruces irregulares. Pasaron de más de 1,2 millones a apenas 145,000 migrantes irregulares registrados en 2025, marcando el fin de una era de esperanza para muchos.
A medida que el clima se intensificaba, aquellos que se quedaban en Ciudad Juárez buscaban empleo en fábricas y tiendas, mientras que otros regresaban a sus países o se dirigían hacia el sur. En un escenario desalentador, Sol Petit, una migrante venezolana, luchaba por regularizar su situación y tener un futuro. “No todos logramos el sueño americano, pero hay que seguir luchando”, reflexionó.
En un ambiente de incertidumbre, el crimen había encontrado nuevas dinámicas. Los secuestros de migrantes se volvieron comunes, ya que las bandas que solían traficar personas ahora extorsionaban a los recién llegados. El gobierno mexicano implementó medidas de seguridad, incluyendo una nueva torre de vigilancia que concentra la información de seguridad en Juárez, un lugar que anteriormente había sido un hervidero de violencia y crimen.
Mientras tanto, las agencias de seguridad estadounidenses se preparan para una colaboración cercana, estableciendo bases de operación en la Torre Centinela. En un momento en que la retórica de Trump ha alentado una nueva tensión en la frontera, las dinámicas de poder entre los gobiernos de México y Estados Unidos continúan cambiando.
A medida que se avanza en este complejo panorama, los migrantes, que una vez fueron el centro de atención, ahora se enfrentan a una nueva realidad: la lucha por su dignidad en un contexto que sigue evolucionando rápidamente. Con la mirada puesta en el futuro, Juárez parece ser un testimonio de resistencia ante un entorno adverso.
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