El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció recientemente que, a partir del 1 de febrero, varios países europeos, incluyendo Reino Unido, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega y Suecia, enfrentarán un arancel del 10% sobre todos los productos exportados a Estados Unidos. Esta medida se implementa como presión hasta que Dinamarca acepte ceder Groenlandia, generando una intensa reacción entre los aliados de EE. UU., quienes evalúan posibles represalias.
Las consecuencias de esta declaración podrían ser significativas. Los países europeos no solo contemplan la posibilidad de imponer aranceles similares, sino que también se están coordinando para deshacerse de los bonos del Tesoro estadounidense. Se estima que cerca de un tercio de estos bonos, que suman alrededor de 30 billones de dólares, están en manos extranjeras, siendo Japón el principal tenedor, seguido por el Reino Unido, Bélgica, Canadá y Francia.
Una venta masiva de estos bonos podría elevar las tasas de interés a largo plazo, encareciendo el refinanciamiento de la deuda estadounidense y generando una carga pesada no solo para la administración Trump, sino para la economía en general. Según Ipek Ozkardeskaya, analista de Swissquote, la venta de activos superiores a 10 billones de dólares en manos europeas sería un golpe duro para los mercados de EE. UU.
En el Foro Económico Mundial de Davos, Bessent, un destacado inversor, se refirió a la situación como “ilógica”, aguardando que los europeos no efectúen tal venta y mantengan su posición en el mercado de bonos. El liderazgo europeo también ha comenzado a responder, programando una cumbre de emergencia en Bruselas para discutir colectivamente la crisis desencadenada por el anuncio de Trump.
Mientras tanto, se comenzaron a ver señales de “venta de Estados Unidos” en los mercados globales. Aunque el mercado estadounidense estuvo cerrado debido a un día festivo, los rendimientos de los bonos del Tesoro estaban en aumento previsto para la reapertura, y el dólar mostraba una caída notable. Este cambio reflejó la creciente incertidumbre en torno a la postura confrontativa de la administración Trump hacia sus aliados, generando inquietudes sobre el atractivo de los activos estadounidenses.
Howard Lutnick, secretario de Comercio de EE. UU., instó a la Unión Europea a evitar represalias contra los aranceles, advirtiendo que cualquier acción de este tipo podría llevar a un ciclo destructivo de represalias comerciales, similar a la escalada vivida en el pasado.
A medida que estas tensiones comerciales se intensifican y los países consideran la mejor manera de responder, el escenario internacional se vuelve cada vez más complejo y volátil. Con una cumbre de la UE en el horizonte y la amenaza de un conflicto comercial, la situación requiere un seguimiento cercano.
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