El reciente anuncio de que Delcy Rodríguez, designada presidenta interina de Venezuela, será invitada a Washington por el presidente Donald Trump marca un hito significativo en las relaciones entre ambos países. Asumió la presidencia el 5 de enero de 2026, tras la abrupta caída del mandatario Nicolás Maduro, capturado en una incursión militar estadounidense. Esta invitación es la primera vez en más de 25 años que un líder venezolano viaja a EE. UU. para una reunión oficial, una pausa que dejó atrás un largo periodo de distanciamiento tras el giro socialista que dio Hugo Chávez en 1999.
Rodríguez, quien fue vicepresidenta bajo Maduro, se encuentra bajo sanciones estadounidenses, incluyendo el congelamiento de sus bienes. Sin embargo, la Casa Blanca ha confirmado su invitación, a pesar de que aún no se ha fijado una fecha. “Nada ha sido agendado”, aclaró un portavoz. Este acercamiento resalta la creciente colaboración de Trump con el nuevo gobierno interino, evidentemente influenciado por el bombardeo a Caracas, que condujo a la captura de Maduro.
En este contexto, Rodríguez se ha mostrado optimista acerca del diálogo y el trabajo conjunto con EE. UU., reafirmando que no teme enfrentar diferencias. Mientras tanto, Trump ha elogiado su liderazgo calificándola de “formidable” y expresando que “Venezuela hará más dinero en los próximos seis meses que en los 20 años pasados”. De hecho, durante su discurso en el Foro de Davos, Trump dejó entrever expectativas sobre el resurgimiento de la producción petrolera venezolana.
A pesar de los desafíos, Rodríguez ha realizado concesiones para satisfacer las demandas estadounidenses, como la liberación de algunos presos políticos y la separación de Alex Saab, señalado de actuar como testaferro de Maduro. Entre las conversaciones para restaurar relaciones diplomáticas rotas desde 2019, la presidenta interina ha suscrito acuerdos petroleros y recientemente anunció la entrada de 300 millones de dólares provenientes de la venta de petróleo a EE. UU., una vital inyección de divisas para la economía del país.
El trasfondo de esta situación continúa complicado, ya que el partido de Maduro denuncia el “secuestro” de su líder y su esposa. Los expertos advierten que Trump busca evitar repetir errores del pasado, como los vividos en Irak, y reconoce la necesidad de conservar instituciones funcionales en Venezuela, donde el chavismo aún controla todos los poderes públicos.
Aunque la liberación de presos políticos avanza lentamente, con apenas 150 excarcelaciones hasta el momento, un sentido de esperanza persiste entre los familiares de los detenidos, quienes esperan avances significativos. Esta invitación a Rodríguez es, sin duda, un paso audaz en el complejo mapa geopolítico de América Latina y un indicativo del incierto futuro que enfrenta Venezuela en su camino hacia la estabilidad.
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