El Indicador Oportuno de la Actividad Económica del Inegi, publicado el 22 de enero de 2026, revela que México cerró el año 2025 con un crecimiento del 2.3%. Este dato, aunque suficiente para evitar una recesión técnica, es insuficiente para generar empleo de calidad o reducir la pobreza en el país. La situación se torna aún más preocupante al comparar este crecimiento con el escaso 1.2% de aumento en el ingreso per cápita, según el reporte de Coneval de diciembre de 2025, que dejó a más del 40% de la población en situación de vulnerabilidad.
El incremento de la clase media, que pasó del 39.2% al 41.5% entre 2023 y 2025, no se ha traducido en mejoras tangibles para la mayoría de la población, que sigue careciendo de acceso a servicios básicos y seguridad. Para 2026, se proyecta un crecimiento del 1.3%, pero el verdadero desafío reside en cómo se logra ese crecimiento.
México depende en un 84% de sus exportaciones hacia Estados Unidos y de las remesas, las cuales superaron los 60,000 millones de dólares en 2025. Sin embargo, estas remesas ya muestran signos de desaceleración debido a las políticas restrictivas hacia los migrantes mexicanos en Estados Unidos. La inversión privada, vital para el crecimiento económico, se ve ahuyentada por la inseguridad crónica, la corrupción y la incertidumbre en el marco judicial y regulatorio. Ante este panorama, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha planteado elevar la inversión pública al 25% del PIB este año, aunque la inflación podría mermar sus beneficios.
En otro informe, el Índice Nacional de Precios al Consumidor del Inegi señaló que la inflación general alcanzó el 3.77% en la primera quincena de enero, mientras que la inflación subyacente se disparó al 4.47%, lo que indica fallas estructurales en la economía. Los precios de la proteína animal subieron un 6.8% interanual y comer en fondas, loncherías o restaurantes ha aumentado un 5.3% desde 2025. A pesar de los intentos del gobierno por controlar los precios de la gasolina y la electricidad, los costos en los sectores agropecuarios y energéticos ya presentan un incremento.
El Banco de México enfrenta un dilema considerable: si decide aumentar las tasas de interés, puede frenar el crecimiento; si las mantiene, la inflación podría acelerarse. Además, la depreciación del peso encarecería los productos importados, complicando aún más la situación económica.
Aunque 2026 no se perfila como un año de crisis, tampoco se espera una bonanza. El crecimiento proyectado del 1.3% es plausible si se controla la inflación. La interrogante central radica en si el gobierno podrá equilibrar tres frentes críticos: controlar la inflación sin detener el crecimiento, atraer inversión sin ceder ante presiones externas y establecer un estado de derecho que reduzca la inseguridad.
Sin implementar cambios estructurales significativos, México podría quedar atrapado en un ciclo vicioso de crecimiento limitado, alta inflación y creciente frustración social. Las soluciones son conocidas; ahora, la clave será ponerlas en práctica eficazmente.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


