Las celebraciones de diciembre culminan, y con ellas inicia un nuevo año repleto de propósitos, metas y, desafortunadamente, deudas acumuladas. Enero, un mes caracterizado por la esperanza y el compromiso de iniciar nuevas rutinas, enfrenta a muchos con las consecuencias de los excesos del mes anterior. El desafío de lidiar con la “cuesta de enero” no es solo una cuestión de optimismo; es una oportunidad para la organización financiera.
Para empezar, es crucial clasificar las deudas. Las deudas estructurales, como hipotecas, rentas, seguros de auto y colegiaturas, son gastos fijos y previsibles que deben ser gestionados con claridad. Estas obligaciones son “inamovibles” y se deben cumplir mes a mes. Por otro lado, existen las deudas de “resaca”, que son esas que surgen tras un consumo excesivo durante las festividades, incluyendo el uso de tarjetas de crédito para compras y promociones.
Pese a la tentación de optar por pagos mínimos en tarjetas, esta estrategia puede resultar contraproducente a largo plazo, ya que las altas tasas de interés pueden generar un efecto encadenado que incrementa la deuda. Por lo tanto, es recomendable organizar las deudas no solo por el monto, sino también por el costo financiero que representan, priorizando aquellas con mayores tasas de interés.
Por ejemplo, si una tarjeta departamental tiene una tasa del 70% anual, su liquidación debería ser prioritaria, incluso si su saldo no es el más alto. Luego, se podría abordar un préstamo personal que cobre una tasa del 35%. En el caso de las deudas a meses sin intereses, es fundamental cumplir con los pagos pero sería óptimo abonar capital adicional siempre que se pueda.
Los ingresos extraordinarios, como la devolución de impuestos o bonos, suelen ser vistos como una oportunidad de gasto. Sin embargo, si se presentan deudas pendientes, es más prudente utilizarlos para amortizar parte del capital, enfocándose en aquellos con tasas más altas.
Una vez que se ha liquidado la deuda “resaca”, es aconsejable destinar los fondos a la creación de un fondo de emergencia. Esta estrategia no solo brinda tranquilidad, sino que también puede evitar que la próxima cuesta de enero se convierta nuevamente en una carga financiera.
En un mundo donde las decisiones financieras acertadas son esenciales, comenzar el año con un plan claro puede marcar la diferencia. La educación financiera y la organización no solo son herramientas para sobrellevar la cuesta de enero, sino que son pasos vitales hacia una salud financiera sostenible.
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