Larry Gagosian, el reconocido marchante de arte, ha inaugurado recientemente una exposición de gran envergadura dedicada a las pinturas de Jasper Johns en su galería de la Upper East Side de Nueva York. En un diálogo sincero con Alison McDonald, Gagosian expresa su deseo primordial: “Primero que nada, porque quiero mirarlas”. Esta afirmación, aunque simple, establece un tono accesible para la conversación sobre el maestro del arte contemporáneo.
En la entrevista, Gagosian se adentra en las características formales de las obras de Johns, describiendo su interacción con materiales y texturas, pero evita ahondar en las capas conceptuales de las pinturas de crosshatch que componen la exposición. En lugar de ello, enfatiza la experiencia de la observación prolongada, un gesto que refleja una conexión más emocional con el arte.
La exhibición se compone principalmente de los exclusivos cuadros de crosshatch producidos entre 1973 y 1983. A primera vista, estas obras pueden parecer austeras, pero al acercarse, revelan una densidad y un trabajo detallado que desafían las expectativas iniciales. Los patrones de líneas, al ser observados desde una distancia, adquieren un movimiento propio, transformando la superficialidad en formas casi figurativas que emergen y se desvanecen según la perspectiva del espectador.
Gagosian no es nuevo en el mundo del arte; su primera experiencia con las pinturas de Johns ocurrió en 1976, cuando vio por primera vez estas obras en la galería de Leo Castelli. Su conexión con el círculo artístico se fortalece a través de encuentros con figuras como Merce Cunningham y John Cage, lo que añade un matiz casi romántico a su historia con el arte de Johns. Así, la exposición no solo resalta el trabajo del artista, sino también la narrativa que Gagosian construyó a su alrededor.
La coordinación necesaria para reunir obras tan reconocidas como “Corpse and Mirror” y todas las versiones de “Between the Clock and the Bed” es un testimonio del poder de Gagosian como marchante. Este tipo de acceso a colecciones de museos e importantes coleccionistas es un reflejo de su influencia en el ámbito del arte. Sin embargo, la exposición no se apoya en un argumento crítico sólido; su valía radica en la habilidad de Gagosian para orquestar una presentación formidable.
A lo largo de la exposición, Gagosian se esfuerza por corregir ideas erróneas sobre la relación entre las pinturas de Johns y la obra de Edvard Munch. Contrario a la creencia popular de que las obras de Johns fueron inspiradas directamente por un autorretrato de Munch, el galerista sostiene que Johns ya estaba explorando el tema de los crosshatches mucho antes de conocer la obra de Munch.
Las pinturas de esta serie se caracterizan por un trabajo laborioso, donde las líneas cortas se superponen repetidamente, creando una textura rica y variada. Al observar las obras de cerca, se puede apreciar la complejidad del proceso: ceras manipuladas, pinceladas de diversas intensidades, incluso trozos de papel y arena que emergen en algunos lugares. Sin embargo, al retroceder, la percepción cambia, revelando formas que antes no eran evidentes, una dinámica que refleja el carácter cambiante del arte mismo.
Este evento no solo marca una celebración de la obra de Johns, sino que también simboliza el final de una era para la galería de Gagosian en su espacio de 980 Madison Avenue, que fue inaugurado en 1989 con una exposición de las obras de “Map”. Gagosian reflexiona sobre esta transición, señalando que la nueva exposición de crosshatch es un cierre perfecto, una especie de libro de memorias.
No obstante, en el trasfondo de esta celebración también se puede percibir un motivo más pragmático: atraer a Johns, quien actualmente está representado por Matthew Marks Gallery, a unirse a su propia galería. Este aspecto plantea interrogantes sobre las prácticas de negocios en el competitivo mundo del arte, donde incluso las exhibiciones más celebradas tienen propósitos ocultos.
La exposición de Gagosian no solo es un testimonio del talento de Jasper Johns, sino también una muestra del poder que un marchante puede ejercer en la narrativa del arte contemporáneo. Al seguir la historia de esta exhibición, el mundo del arte observa con atención las dinámicas complejas entre creadores, sus obras y quienes las representan.
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