El paisaje global se ha convertido en un escenario donde dos gigantes, Estados Unidos y China, juegan un papel protagónico en la economía y la geopolítica. En el Foros Económico Mundial de Davos, celebrado a principios de este año, la estrategia de China contrastó notablemente con la de su contraparte estadounidense. Mientras el presidente Trump ofreció un discurso extrovertido y lleno de promesas a un público diverso de líderes empresariales, el viceprimer ministro chino He Lifeng optó por un tono más sobrio y reservado, enviando un mensaje claro: China está abierta a los negocios.
Este enfoque discreto fue interpretado por varios líderes empresariales como una táctica astuta, reminiscentes de los principios del “Arte de la Guerra”. La idea es dejar que los adversarios se desgasten en sus propias disputas, mientras China mantiene una actitud observadora y firme. A pesar de esta estrategia calmada, el país enfrenta desafíos significativos para consolidarse como un socio confiable para la Unión Europea, que busca reducir su dependencia de Estados Unidos.
He Lifeng subrayó la disposición de China para aumentar las importaciones de bienes y servicios, en un esfuerzo por lograr un balance más benévolo en sus relaciones comerciales. Sin embargo, la persistente necesidad de exportar su capacidad de producción, especialmente en sectores emergentes como el de vehículos eléctricos, sigue siendo un obstáculo que complica estas intenciones.
Mientras tanto, otros líderes mundiales, como el primer ministro canadiense Mark Carney, elogian a China como un “socio fiable y predecible”, instando a las naciones de la UE a buscar oportunidades de inversión en su vasta economía. Este tipo de afirmaciones se producen en un contexto donde China intenta aprender de los errores del pasado, buscando ofrecer un ambiente más estable y predecible para las inversiones, a diferencia de la volatilidad observada en las políticas estadounidenses.
Adicionalmente, se aproxima una revitalización del diálogo empresarial entre Gran Bretaña y China, con la visita del primer ministro británico, Keir Starmer, y se espera también la llegada de otras delegaciones empresariales que potenciarán la cooperación bilateral.
A pesar de estos esfuerzos, la realidad es que la economía china enfrenta obstáculos internos: ha alcanzado su crecimiento más lento en tres años, mientras el mensaje de estimular el consumo aún no ha encontrado el eco esperado. La imagen de Pekín en Davos puede haber sido menos prominente que en años anteriores, pero su apuesta por una política más calma y estratégica podría posicionarla favorablemente en un entorno internacional cada vez más incierto.
A medida que el mundo sigue observando y evaluando las dinámicas en juego, será interesante ver cómo se desarrolla este juego de influencias y negociaciones en el escenario global, especialmente mientras ambos países navegan por aguas turbulentas en sus relaciones y objetivos económicos.
Este análisis se basa en información referente a la situación hasta el 23 de enero de 2026 y refleja los cambios y tendencias que moldean la interacción de China en el ámbito global.
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