En el contexto del Día Internacional de la Educación, que se celebra cada 24 de enero, México se encuentra en una encrucijada educativa que revela tanto progresos como retos persistentes. Los indicadores del sistema educativo en el país presentan un panorama mixto, donde la carencia por rezago educativo se convierte en una de las estadísticas más alarmantes: 24.2 millones de mexicanos, equivalente al 18% de la población, tiene un nivel educativo inferior al esperado para su edad, según los datos más recientes disponibles a raíz de las métricas del Inegi.
Pese a los avances, la lucha contra el rezago educativo aún es titánica. Entre 2019 y 2024, la proporción de adultos jóvenes (25-34 años) que no completaron la educación media superior se redujo del 49% al 41%. Sin embargo, este progreso contrasta con el promedio de la OCDE, que se sitúa en un 13%. En el ámbito de la educación básica, la situación es más alentadora: solo el 1.1% de los alumnos de secundaria presenta un rezago significativo en relación con su edad. Sin embargo, a medida que los estudiantes avanzan a niveles superiores, aparecen barreras económicas y geográficas que dificultan el acceso. Esto es particularmente evidente en la transición de secundaria a media superior, y de media superior a educación superior, donde la oferta educativa es escasa, especialmente en áreas rurales.
En el contexto internacional, la educación superior en México aún se considera menos accesible que en muchos otros países. La baja movilidad estudiantil y el reducido número de jóvenes que acceden a programas terciarios son señal de que queda mucho trabajo por hacer.
Uno de los aspectos más críticos del sistema educativo mexicano es el gasto público. México invierte aproximadamente el 4.3% de su PIB en educación, una cifra que se queda corta en comparación con el promedio de la OCDE, que es del 4.7%. El desembolso por estudiante también es notablemente inferior; mientras que el promedio global es de más de 15,000 dólares, México destina alrededor de 2,790 dólares en educación básica y 4,430 dólares en educación superior. En 2024, el gasto federal en educación básica alcanzó casi 676,000 millones de pesos, en contraste con menos de 185,000 millones destinados a la educación superior.
Además de la cobertura, la calidad educativa y las condiciones de aprendizaje representan desafíos significativos. La relación estudiante-docente en primaria es de 23.1 alumnos por aula, que supera la media de la OCDE y podría afectar la atención individual y la eficacia del docente. Los estudiantes en México reciben 760 horas de instrucción al año en primaria, por debajo del promedio de 804 horas en la OCDE. Un claro reflejo de estas preocupaciones son los resultados del programa PISA, donde México se sitúa entre los países de la OCDE con desempeño más bajo, especialmente en ciencias y matemáticas.
Los retos que enfrenta la educación en México son grandes: no solo se trata de asegurar que este derecho humano esté al alcance de todos, sino que también debe ser accesible, inclusiva, de calidad y capaz de competir en un mercado global. La situación actual ofrece un llamado urgente a la acción y a la reflexión sobre el rumbo que tomará el sistema educativo del país en los años venideros, en un contexto donde cada niño y joven debería tener la oportunidad de alcanzar su máximo potencial.
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