A medida que las rebajas de enero se desarrollan, un panorama revelador emerge sobre el comportamiento del consumidor. Según datos recientes, aunque la afluencia de compradores ha disminuido, aquellos que participan en esta campaña están dispuestos a aumentar su gasto. Este año, los encuestados prevén un desembolso medio de 189€, lo que representa un incremento del 32% respecto a 2025, donde la intención de gasto se situaba en 143€. Esta tendencia sugiere que, a pesar de un contexto económico desafiante, algunos consumidores ven en las rebajas una oportunidad viable para adquirir productos.
El consumo claramente se centra en la ropa y calzado, que siguen liderando las compras, alcanzando un 77%. Los artículos de electrónica y electrodomésticos les siguen, con un 35% y un 23% respectivamente, evidenciando un deseo por modernizar tecnología a precios reducidos. Además, productos de cosmética, viajes, muebles y vehículos también figuran en la lista, aunque en menor medida, mostrando la diversidad de intereses en el mercado.
Sin embargo, este incremento en el gasto debe contextualizarse dentro de un escenario macroeconómico que sigue ejerciendo presión sobre los hogares. A finales de diciembre de 2025, el índice de precios al consumidor (IPC) se moderó a un 2,9%, pero permanece elevado en relación a los salarios medios. Un 72% de los encuestados siente el impacto de los altos precios en su presupuesto, destacando un 45% que reconoce mayores gastos, aunque puede afrontarlos; un 21% se ve presionado a fin de mes; y un alarmante 6% manifiesta que sus ingresos son insuficientes para cubrir sus necesidades básicas. Solo un 28% señala que su nivel de gasto mensual permanece sin cambios.
Enero también presenta cargas financieras adicionales, pues el 57% de los consumidores enfrenta compromisos que, en promedio, implican un gasto de 412€. Entre estos figuran seguros de vehículo, vivienda y vida. Esta acumulación de gastos deja a una cuarta parte de los consumidores con cuentas en cero al finalizar el mes.
No obstante, se observa un rayo de esperanza en la adaptabilidad de los consumidores, con un 43% exento de pagar estos compromisos en enero, lo que sugiere un cambio hacia fraccionamientos y una gestión más flexible de los pagos.
De cara a las proyecciones para 2026, los sentimientos entre los consumidores son mixtos. Un optimismo moderado se observa en un 40% de los encuestados, quienes se apoyan en la estabilidad de sus empleos. Por otro lado, un 39% expresa inquietud por la disparidad entre salarios y precios, evidenciando la necesidad de un control cuidadoso de sus gastos. Mientras tanto, el 21% restante se mantiene en una postura neutra, sin expectativas de cambios significativos en su situación económica.
La dinámica de consumo presenta un cuadro contrastante: por un lado, un aumento en el gasto durante rebajas; por otro, la presión persistente sobre las economías familiares. Será esencial observar cómo estos factores influyen en las decisiones de los consumidores en el futuro cercano.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


