En un contexto de creciente tensión y acusaciones entre el gobierno venezolano y la oposición, Delcy Rodríguez, la alta funcionaria del país, ha denunciado lo que considera un ataque orquestado desde Washington hacia los políticos de Venezuela. Con una retórica firme y decidida, Rodríguez ha instado a que se ponga fin a lo que califica como “órdenes de Washington”, que, según ella, buscan desestabilizar la política interna del país.
Desde Caracas, Rodríguez ha desviado las críticas hacia una supuesta falta de soberanía y ha enfatizado la resiliencia de su gobierno frente a presiones externas. Durante su intervención, destacó la importancia de la autodeterminación y la independencia de Venezuela, al tiempo que rechazó categóricamente las alegaciones de entreguismo que han resonado en la opinión pública.
En un panorama marcado por sanciones y presiones diplomáticas, Rodríguez se ha convertido en una voz clave en la defensa del régimen de Nicolás Maduro, argumentando que dichas acusaciones son parte de una narrativa creada por intereses externos para fomentar la inestabilidad. Subrayó que es fundamental para el país mantener su autonomía frente a potencias extranjeras y aseguró que el pueblo venezolano no cederá ante tales intentos.
El discurso de Rodríguez se produce en un momento crítico, cuando las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos continúan siendo tensas, y la situación interna del país se mantiene en el centro del debate político. Las implicaciones de estas declaraciones se extienden más allá de las fronteras de Venezuela, generando un eco en la política internacional, donde muchos observadores se preguntan sobre el futuro de la región y las posibles repercusiones para la incidencia estadounidense en la política latinoamericana.
La defensa de Rodríguez resuena en un momento donde la conciencia sobre la soberanía del país se intensifica, y muchos ven en sus palabras una reafirmación de lo que consideran un desafío a las intervenciones foráneas. Así, el contexto actual convoca a la reflexión sobre cómo las dinámicas de poder entre naciones pueden influir en el rumbo de la política interna en países en crisis.
En medio de estas tensiones, el futuro político de Venezuela permanece incierto, marcado por la constante lucha entre el gobierno y la oposición. La narrativa de Rodríguez se suma a un debate que continúa evolucionando, donde la soberanía, la independencia y la política internacional juegan un papel crucial en el destino de la nación.
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