Seyni Awa Camara, la destacada escultora originaria de Bignona, Senegal, cuya obra en arcilla conquistó la atención del mundo artístico europeo desde finales de la década de 1980, ha fallecido recientemente. Su muerte fue confirmada por DakArt News el pasado domingo, aunque su año de nacimiento sigue siendo incierto, lo que dificulta conocer su edad exacta.
Camara se hizo conocida por sus esculturas en forma de tótem, compuestas por cuerpos humanos apilados, las cuales reflejaban su rica espiritualidad. Utilizaba un cuerno de carnero adornado con tela, al que se refería como su “genio”, como fuente de inspiración para su trabajo. En sus propias palabras, ella “hablaba” con esta fuente espiritual, pidiendo permiso para crear nuevas piezas. Sin embargo, en su comunidad, sus esculturas eran consideradas aterradoras, y a menudo se ocultaban.
Una artista de la cultura Diola, Camara había creído siempre que su labor poseía un poder curativo, pasando largas horas perfeccionando la superficie de cada escultura. Su singular técnica involucraba la recolección de arcilla de pantanos, que combinaba con conchas marinas trituradas, y las quemaba al aire libre, a veces añadiendo ramas y ramitas para darles un carácter único.
Debido al temor que sus obras provocaban en Bignona, Camara tuvo que virar su atención hacia el mercado internacional para garantizar su sustento. En 2006, señaló con tristeza: “La gente no me conoce en mi propio país. Sobrevivo gracias a los encargos de extranjeros”. A lo largo de su vida, su trabajo atrajo la atención de figuras influyentes, incluyendo al célebre cantante Pharrell Williams y la escultora Louise Bourgeois, quienes alabaron la originalidad y profundidad de su arte.
Munida de una rica historia personal, Camara había comenzado a esculpir a la tierna edad de seis años, pero su actividad se interrumpió a los quince, al ser forzada a casarse. Después de un período difícil, incluido problemas de salud y varios embarazos fallidos, se dedicó al arte como medio de subsistencia, vendiendo sus creaciones en mercados locales. Su gran descubrimiento llegó en la década de 1980, cuando Michèle Odeyé-Finzi, una antropóloga, realizó un descubrimiento crucial de su obra, presentándola a André Magnin.
Magnin, a su vez, desempeñó un papel fundamental en la inclusión de Camara en “Magiciens de la Terre”, una exposición pionera en el Centro Pompidou en París en 1989. Este evento, aunque criticado por suontológica representación de la cultura africana, otorgó notoriedad internacional a una artista que nunca había asistido a una escuela de arte formal.
A pesar de su falta de formación académica, su trabajo obtuvo reconocimiento y aclamación, convirtiéndose en parte de colecciones institucionales como las del Tate en Londres y la Fondation Louis Vuitton en París. Además, su obra ha sido presentada en la actual exhibición “Project a Black Planet: The Art and Culture of Panafrica”, que debutó en 2024.
En el último año de su vida, Camara continuó creando, mostrando un nuevo trabajo en terracota que simbolizaba la mujer africana. Este legado de creatividad y resistencia resuena aún en la escena artística contemporánea, invitando a una reflexión profunda sobre las identidades culturales y el papel del arte en la sociedad.
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