El conflicto entre Rusia y Ucrania ha dejado una nueva estela de devastación, con bombardeos recientes que han cobrado la vida de al menos 10 personas, incluyendo a dos niños y una mujer embarazada. Estas agresiones, registradas el 27 de enero de 2026, se concentraron en la región de Odesa, donde alrededor de 50 drones rusos atacaron el territorio, causando no solo muertes, sino también decenas de heridos. Las autoridades locales confirmaron que el impacto fue significativo, rescatando tres cuerpos de entre los escombros mientras los servicios de emergencia buscaban posibles supervivientes en un edificio residencial que sufrió un colapso.
El gobernador de Odesa, Oleg Kiper, reportó que los heridos incluyen a una mujer en su última etapa de gestación, despuntando la tragedia de la guerra en una población vulnerable. Además, la empresa energética DTEK informó que sus instalaciones sufrieron “daños enormes”, lo que podría tener consecuencias a largo plazo en la infraestructura energética de la región.
Odesa, un punto estratégico que alberga el principal puerto ucraniano en el mar Negro, ha sido un blanco recurrente de los ataques rusos. Más allá de las devastadoras pérdidas humanas, los drones han destruido “decenas de inmuebles residenciales”, afectando también diversas infraestructuras comunitarias, como una iglesia, un jardín de infancia, un liceo y un gimnasio.
Pero el horror no se limitó a Odesa. En la región de Járkov, un dron atacó un tren, resultando en la muerte de tres personas. Mientras tanto, la ciudad de Sloviansk fue bombardeada, cobrando la vida de una pareja de alrededor de 40 años e hiriendo a su hijo de 20. La violencia también se extendió a Zaporiyia y Jersón, donde los ataques dejaron más víctimas fatales.
El momento del ataque es crucial, ya que se produce tras las recientes negociaciones en Abu Dabi entre representantes de Estados Unidos, Ucrania y Rusia, que constituyeron un paso hacia la búsqueda de una resolución al conflicto que comenzó en febrero de 2022 con la invasión rusa. Estas conversaciones fueron vistas como un esfuerzo en la dirección correcta, aunque el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, advirtió que cada ataque ruso socava los intentos de diplomacia y la búsqueda de la paz.
La devastación provocada por estos bombardeos no solo refleja la cruda realidad del conflicto, sino también el desafío constante que enfrenta la comunidad internacional al intentar mediar en una situación tan compleja y prolongada. Mientras los esfuerzos diplomáticos continúan, la población de Ucrania sigue sufriendo las consecuencias de una guerra que parece no tener fin.
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