El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, que ocurrió hace un mes y dejó 14 muertos y más de un centenar de heridos, ha sido clasificado por la Fiscalía General de la República (FGR) como resultado del exceso de velocidad. La fiscal general, Ernestina Godoy, reveló en una conferencia de prensa que el tren circulaba a 65 kilómetros por hora, superando en 15 kilómetros la velocidad permitida en curvas y 41 en tramos rectos, donde la velocidad máxima es de 50 km/h. Esta declaración se produce en un contexto de creciente interés y especulación sobre la tragedia, que coincide con el primer aniversario del accidente.
El tren, que transportaba a 250 personas, se descarriló el 28 de diciembre de 2025, cuando uno de los vagones se precipitó por un barranco de seis metros. Testigos relataron que sintieron que el tren avanzaba a gran velocidad y algunos expresaron dudas sobre posibles fallos en el sistema de frenos. La investigación, que incluyó la revisión de la caja negra y condiciones de la vía, fue llevada a cabo por la FGR, la Fiscalía estatal y la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, y examinó tanto la forma de conducción del maquinista, quien salió ileso, como otros factores.
Entre las víctimas se encontraban estudiantes, jubilados, y varias familias, incluyendo a menores de edad. Este trágico incidente es el sexto relacionado con los nuevos trenes operados por el gobierno en los últimos dos años, y destaca las preocupaciones sobre la seguridad y la calidad de la infraestructura ferroviaria. Claudia Sheinbaum, presidenta de la Ciudad de México, ha insistido en que este accidente no interrumpirá el Plan Nacional Ferroviario, que busca rehabilitar y construir más de 3,000 kilómetros de vías.
Aun más preocupante es que el Tren Interoceánico operó sin seguro de pasajeros durante su primer año, un requisito estipulado por la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario, lo que ha llevado a denuncias penales por parte de algunas víctimas contra las constructoras y servidores públicos implicados en el proyecto.
El silencio de las autoridades durante el mes posterior al accidente generó un clima de incertidumbre y debate, que ha sido examinado por analistas en diversos foros, incluyendo pódcasts especializados. Expertos han discutido no solo la velocidad excesiva, sino también la presión política y técnica detrás de la construcción del tren, sugiriendo que este tipo de decisiones apresuradas podría haber comprometido la seguridad de los pasajeros.
La tragedia del Tren Interoceánico resalta no solo la fragilidad de los nuevos sistemas de transporte ferroviario en México, sino también la urgencia de establecer normas de seguridad más estrictas y una supervisión más rigurosa en la construcción de infraestructuras críticas. Mientras las investigaciones continúan, el país observa con expectativa la respuesta del gobierno y las medidas que se implementarán para evitar que incidentes tan devastadores vuelvan a ocurrir.
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